3 julio, 2020

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Qué sabemos del COVID-19? 10 preguntas comunes que la ciencia responde

Se ha avanzado mucho en el conocimiento del coronavirus, pero aún falta para entender la pandemia.


1. ¿Cuál es su origen?

Aún es incierto. Existen diferentes hipótesis, algunas que han planteado, incluso, la posibilidad de que haya sido creado en un laboratorio en China, aunque no hay evidencia irrefutable sobre esto.

Varios artículos indican que el virus causante de la enfermedad covid-19 es de origen natural. Una investigación publicada en Emerging Microbes and Infections, en enero, encontró que el genoma del SARS-CoV-2 se parece a otros coronavirus que hay en la naturaleza.

Un artículo en Nature Medicine, titulado ‘El origen cercano del SARS-CoV-2’ y publicado el 17 de marzo, indica que la alta afinidad de la proteína de la espina del SARS-CoV-2 con la membrana de las células humanas es “probablemente el resultado de la selección natural”.

Otro estudio más reciente de científicos chinos publicado en Current Biology asegura que el origen probablemente proviene de los pangolines, mamíferos con los cuales comparte el 91 por ciento de su genoma.

Hace unos días, justamente, la jefa del Departamento de Enfermedades Emergentes de la OMS, Maria Van Kerkhove, sostuvo: “El coronavirus circula de forma ancestral entre los murciélagos, es algo que sabemos basándonos en la secuencia genética de este virus. Lo que necesitamos entender es cuál ha sido el animal que actuó como intermediario, es decir, que fue infectado por los murciélagos y lo transmitió al humano”.

2. ¿Se transmite por el aire?

En el aire de respirar, según la OMS, no existe riesgo de transmisión. Algunas investigaciones hablan de la suspensión del virus en aerosoles, sobre todo en espacios cerrados en los que la concentración puede ser abundante, como en las salas de cuidados intensivos o de procedimientos que involucren invasión de las vías respiratorias

Un estudio publicado en el New England Journal of Medicine comparó la estabilidad del SARS-CoV-2 en diferentes superficies y en el aire, y encontró que el virus permaneció viable en aerosoles hasta por tres horas. Sin embargo, los investigadores encontraron que la capacidad de transmisión del virus disminuyó con el paso del tiempo.

«El coronavirus circula de forma ancestral entre los murciélagos. Lo que necesitamos entender es cuál ha sido el animal que actuó como intermediario»

Un estudio preliminar en ‘Enfermedades infecciosas emergentes’ indagó sobre la distribución en el aire y en diferentes superficies del SARS-CoV-2 en un hospital de China y concluyó que el virus se distribuyó ampliamente en el aire y en las superficies de los objetos tanto en UCI como en salas generales.

3.¿Deja o no inmunidad?

Es prematuro dar una respuesta a este interrogante. Por ahora, expertos señalan que cuando una persona se contagia desarrolla anticuerpos y despliega una respuesta inmune entre 1 y 3 semanas después. No obstante, faltan datos que corroboren que dicha inmunidad se desarrolla a largo plazo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dicho que algunas personas están dando positivo más de una vez en las pruebas del nuevo coronavirus, aunque eso no significa que se hayan vuelto a contagiar de la enfermedad covid-19. “Lo que en realidad sucede es que mientras los pulmones se curan, algunas células muertas de estos se expulsan. Son esos fragmentos de los pulmones los que están dando positivo”, señaló Maria Van Kerkhove, epidemióloga de la OMS.

Es importante dilucidar este tema porque la inmunidad a largo plazo sería clave para controlar la pandemia. Sin embargo, por lo reciente de la enfermedad, faltan datos a largo plazo.

4. ¿Solo causa enfermedad respiratoria? 

El virus es esencialmente respiratorio. Sin embargo, se ha demostrado que por sus características también puede afectar en el curso de la enfermedad otros órganos como la piel, el sistema cardiovascular y hemático, los riñones y se han descrito afectaciones cerebrales.

Según Ángel Cequier, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), cuando una persona adquiere el virus y sus pulmones se afectan, se produce una falta de oxígeno (hipoxia) y para compensar este proceso, el corazón se acelera para bombear más sangre. Si el paciente tiene antecedentes cardiovasculares como hipertensión, diabetes u otra enfermedad subyacente, el deterioro del corazón se puede producir más rápidamente.

«Lo que en realidad sucede es que mientras los pulmones se curan, algunas células muertas de estos se expulsan. Son esos fragmentos de los pulmones los que están dando positivo»

El riñón es otro órgano que en algunos casos resulta afectado, pues tiene los mismos receptores que usa el virus para entrar a los pulmones y queda expuesto a los efectos de la enfermedad: destrucción del tejido, inflamación y, en consecuencia, una insuficiencia renal. Sin embargo, los especialistas en el tema aseguran que aún hace falta evidencia para corroborar todas estas hipótesis y llegar a certezas.

5. ¿Las formas graves solo afectan a adultos mayores?

Falso. La covid-19 ha mostrado afectar a todos los grupos etarios. De hecho, según el Instituto Nacional de Salud, al revisar el detalle de los pacientes hospitalizados actualmente en unidades de cuidados intensivos (UCI) en Colombia, la mitad son menores de 60, con 33 % entre 40 y 59 años; 15 por ciento entre 20 y 39, y 2 % de 0 a 20. Y al detenerse en quienes tuvieron que ser hospitalizados por síntomas moderados de la enfermedad, los menores de 60 años son 6 de cada 10 enfermos en el país.

6. ¿Los jóvenes tienen riesgo de morir?

Sin lugar a dudas. Las muertes hoy se distribuyen en todos los grupos de edad. El 27 por ciento de los 340 fallecimientos registrados al 3 de mayo en el país por esta enfermedad fueron en menores de 60 años. En ese grupo aparecen, por ejemplo, 24 muertes en el rango de 20 a 39 años y 4 menores de 20 años.

En este momento, según el análisis de datos, el porcentaje de muertes por cada 100 casos se ubica en 2,78 % para el grupo de 40 a 59 años, de 0,72 % para el de 20 a 39 y de 0,55 % para los de 0 a 20.

Los científicos están trabajando en varios tipos de vacunas.
¿Cuáles son? Unos grupos se han enfocado en desarrollar las vacunas clásicas que toman un extracto del virus y se inactiva para que no cause daños, aunque sigue teniendo la envoltura y sobre esa base el sistema de defensas del organismo lo identifica para producir anticuerpos que luego son utilizados frente al virus verdadero.

Otros investigadores utilizan proteínas del virus que son usadas de manera específica para provocar respuestas inmunes en el organismo y dejarlas en la memoria para activarse ante una infección verdadera. Estas proteínas incluso se pueden involucrar dentro de otro virus inofensivo y producir una respuesta contra el patógeno real.

Se sabe también que algunas investigaciones avanzan modificando el genoma del virus para retirarle los genes más agresivos —los que causan la enfermedad— y dejan intacta el resto de la estructura, que permite que sea reconocido y produzca defensas contra la enfermedad.

7. ¿El virus mutará? ¿Qué significa esto?

Los virus mutan todo el tiempo, o en otras palabras, cambian; pero la mayoría de las variaciones en su estructura genética no conllevan diferencias significativas. Como regla general se espera que a medida que los virus evolucionan sean más estables y resistentes, pero eso no está plenamente probado.

La mutación, de acuerdo con la revista Nature, es un aspecto monótono en la vida en los virus tipo ARN, como el nuevo coronavirus, y esto se da porque en la medida que hace copias de sí mismo genera “errores” que se traspasan a las futuras generaciones. Sin embargo, estas mutaciones impactan muy poco en algunas funciones del virus y cuando estas son negativas para la supervivencia del germen son removidas por selección natural.

En síntesis, el nuevo coronavirus muta a la misma velocidad que otros y si no cambia rápidamente, es más fácil encontrar soluciones contra él, pues un virus más estable —como parece ser este SARS-CoV-2— abre la puerta para conocerlo mejor y desarrollar vacunas.

Un artículo de la revista Science concluyó hace unas semanas que el SARS-CoV-2 acumula en promedio entre una y dos mutaciones por mes, lo que es cuatro veces más lento que los virus de la gripa común.

8. Si es una enfermedad que no tiene cura, ¿cómo se recuperan los enfermos?

En el 80 por ciento de los casos, la infección cursa con síntomas leves o sin ellos y, como en las afecciones virales, el cuerpo se encarga de limitar el proceso y los tratamientos se centran en lo sintomático, como en las gripas.

En los casos graves (el 20 por ciento), a pesar de no tener tratamiento específico, se pueden manejar los síntomas, se da soporte ventilatorio, renal, hemodinámico y se compensan los desbalances del estado clínico con el objetivo de mantener al paciente vital y ayudarles a las estructuras orgánicas a defenderse del virus.

9. ¿Cuándo es más contagioso?

El riesgo de contagio depende de la concentración que tenga el virus en las secreciones respiratorias. Algunos estudios han comprobado que esta es mayor justo en el momento de iniciar los síntomas, se mantiene durante todo el curso clínico y el riesgo va decayendo hasta desaparecer, incluso después de que ya no se presentan los síntomas. Esa es la razón por la que se ordena confinamiento por ciclos de hasta 21 días.

10. Los científicos están trabajando en varios tipos de vacunas. ¿Cuáles son?

Unos grupos se han enfocado en desarrollar las vacunas clásicas que toman un extracto del virus y se inactiva para que no cause daños, aunque sigue teniendo la envoltura y sobre esa base el sistema de defensas del organismo lo identifica para producir anticuerpos que luego son utilizados frente al virus verdadero.

Otros investigadores usan proteínas del virus que son utilizadas de manera específica para provocar respuestas inmunes en el organismo y dejarlas en la memoria para activarse ante una infección verdadera. Estas proteínas incluso se pueden involucrar dentro de otro virus inofensivo y producir una respuesta contra el patógeno real.

Se sabe también que algunas investigaciones avanzan modificando el genoma del virus para retirarle los genes más agresivos —causantes de la enfermedad— y dejarle intacta el resto de la estructura, que permite que sea reconocido y produzca defensas contra la enfermedad. (El Tiempo)


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