San Martín, la independencia y una pregunta que sigue vigente

A 176 años de su muerte, la figura de José de San Martín vuelve a interpelar a la Argentina. Su proyecto de independencia continental contrasta con un presente atravesado por deuda externa, inversiones estratégicas, recursos naturales y una creciente cooperación militar con Estados Unidos.


Este 17 de agosto de 2026 se cumplen 176 años de la muerte de José de San Martín, pero su figura vuelve a ocupar un lugar que excede la conmemoración escolar: el debate sobre qué significa hoy la soberanía argentina.

San Martín murió en Boulogne-sur-Mer, Francia, el 17 de agosto de 1850, después de haber dedicado sus años decisivos en América a una causa que no entendía como exclusivamente argentina. Su estrategia buscó liberar Chile y Perú y quebrar el dominio español en buena parte de Sudamérica.

La Universidad Nacional de La Plata plantea, justamente, que San Martín puede ser leído como una figura de unidad nacional, pero también como un personaje cuya interpretación fue cambiando según las necesidades políticas de cada época. La pregunta que queda abierta es incómoda: ¿qué hacemos hoy con ese legado?

Y esa pregunta adquiere otra dimensión cuando se observa la Argentina de 2026.

El San Martín de la independencia continental

La reconstrucción de Felipe Pigna muestra a un San Martín que no llegó a América para construir simplemente una carrera militar. Después de combatir durante años en el ejército español, decidió regresar al continente para poner su experiencia al servicio de la emancipación americana.

Su proyecto tampoco se limitó al campo de batalla.

Como gobernador de Cuyo, impulsó medidas vinculadas con la educación, la agricultura y la industria y organizó junto con la población los recursos necesarios para formar el Ejército de los Andes. Incluso redujo su propio sueldo a la mitad durante los preparativos.

Su preocupación por la independencia política aparece con claridad en una carta dirigida al diputado Godoy Cruz, cuando reclamaba una definición concreta frente a la demora del Congreso de Tucumán:

“¿Hasta cuándo esperaremos para declarar nuestra independencia?”

La frase pertenece a otro tiempo, pero plantea una discusión que todavía puede trasladarse al presente: ¿independencia significa solamente tener una bandera, un gobierno y un territorio, o también decidir qué hacer con los recursos, la economía y las decisiones estratégicas del país?

La soberanía en la Argentina de 2026

Aquí es donde la efeméride deja de ser solamente histórica.

Argentina mantiene actualmente un programa de 48 meses con el Fondo Monetario Internacional por alrededor de US$20.000 millones. En mayo de 2026, el organismo aprobó la segunda revisión y habilitó otro desembolso de aproximadamente US$1.000 millones; el FMI señaló además que el programa contempla reformas fiscales, comerciales, laborales y estructurales orientadas hacia una economía más abierta y orientada al mercado.

Esto no significa, por sí mismo, que “el FMI gobierne la Argentina”. Esa afirmación sería incorrecta. Pero sí significa que las políticas económicas nacionales están vinculadas a compromisos asumidos dentro de un programa financiero internacional y que las revisiones del organismo condicionan el acceso a nuevos desembolsos.

La discusión sobre soberanía también aparece alrededor de la tierra. La Ley 26.737 establece límites a la titularidad extranjera de tierras rurales y fija, entre otras restricciones, un máximo general del 15% a nivel nacional, provincial y departamental, además de límites por nacionalidad y superficie. Los propios datos oficiales indican que, a agosto de 2025, más de treinta departamentos superaban el límite departamental del 15%.

Por eso, hablar de “entrega de tierras a extranjeros” sin distinguir entre la legislación vigente, la propiedad efectiva y los proyectos de modificación normativa puede llevar a conclusiones equivocadas. El debate existe, pero necesita datos.

Recursos estratégicos: una nueva disputa

Otro capítulo es el de los minerales críticos.

En junio de 2026, el Servicio Geológico Minero Argentino informó la existencia de un potencial de 190.395 toneladas de recursos de tierras raras en el país. El relevamiento acompaña un proyecto de ley que busca declarar estratégicos estos minerales y habilitar su exploración.

Las tierras raras son fundamentales para sectores tecnológicos, energéticos y militares. Eso convierte a Argentina en un territorio de creciente interés geopolítico.

Pero nuevamente hay que separar los hechos de las interpretaciones: que existan recursos estratégicos y proyectos de inversión no significa que hayan sido “entregados” a otro país. La discusión relevante es otra: quién controla la explotación, cuánto valor queda en Argentina, qué empresas participan, qué regalías recibe el Estado, qué impacto ambiental habrá y qué tecnología y empleo quedan en el territorio.

¿Y las bases militares extranjeras?

También existe un dato concreto que merece atención.

En abril de 2026, el Gobierno argentino autorizó el ingreso de personal y medios de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para participar del ejercicio Daga Atlántica en instalaciones militares argentinas, entre ellas Puerto Belgrano, la Guarnición Militar Córdoba y la VII Brigada Aérea de Moreno. El ejercicio se extendió durante 42 días y reunió a más de 350 efectivos directa e indirectamente.

Además, Argentina y Estados Unidos firmaron en junio cartas de intención para ampliar la cooperación logística y tecnológica en materia de Defensa.

Pero tampoco sería riguroso afirmar que Argentina “entregó bases militares” a Estados Unidos. Lo que está documentado son ejercicios conjuntos, ingreso de personal militar extranjero y acuerdos de cooperación en Defensa. La diferencia no es menor.

San Martín frente al espejo del presente

La investigación publicada por la UNLP advierte que San Martín fue convertido en distintas épocas en diferentes símbolos: héroe militar, padre de la patria, “Santo de la Espada” o figura utilizada para construir determinadas ideas de nación. Incluso señala que su imagen fue empleada durante la última dictadura militar para reforzar una concepción particular del nacionalismo.

Por eso, quizás el homenaje más serio no sea repetir que San Martín fue un héroe, sino volver a discutir qué entendía él por libertad y qué entendemos nosotros hoy por soberanía.

El propio San Martín rechazó utilizar su ejército para intervenir contra otros americanos. Según la reconstrucción de Pigna, frente a las órdenes de participar en la represión de los orientales sostuvo:

“El general San Martín jamás desenvainará su espada para derramar sangre de hermanos”.

Su proyecto era continental. No pensaba una América independiente para reemplazar una dominación española por otra dependencia.

La pregunta que deja el 17 de agosto

En 2026, Argentina negocia con organismos financieros internacionales, busca inversiones para explotar recursos estratégicos, mantiene una agenda de cooperación militar con Estados Unidos y continúa discutiendo quién controla sus tierras y sus recursos naturales.

Nada de eso permite afirmar, sin matices, que el país haya perdido su soberanía.

Pero sí permite formular una pregunta política legítima:

¿Cuánta capacidad tiene una Nación para decidir su propio destino cuando una parte importante de sus decisiones económicas, financieras, productivas y estratégicas depende de capitales, organismos o intereses externos?

Esa pregunta no pertenece exclusivamente al pasado.

Quizás allí esté la vigencia de San Martín: no en convertirlo nuevamente en una estatua de bronce, sino en utilizar su historia para discutir el presente.

Porque hace 176 años murió el hombre. La discusión sobre la independencia que dejó abierta todavía no terminó.

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