En un giro estratégico forzado por la falta de consenso, Patricia Bullrich anunció 28 cambios a la reforma laboral, eliminando pilares centrales como la baja de Ganancias. El “acuerdo” revela más una retirada negociada que una victoria legislativa, mostrando los límites del poder oficialista en el Senado.
Lo que el oficialismo presentó como una muestra de “diálogo y construcción” no es más que el registro de sus propias concesiones. El anuncio de Patricia Bullrich sobre los 28 cambios introducidos en la reforma laboral, lejos de ser una demostración de fuerza, desnuda la debilidad negociadora del Gobierno en un Senado hostil. La eliminación del capítulo fiscal y las múltiples concesiones a sindicatos y a las provincias no son triunfos de la persuasión, sino retrocesos calculados para salvar lo que queda del proyecto emblemático de Javier Milei.
Bullrich, al definir la ley como “la construcción de un acuerdo”, intentó maquillar una realidad cruda: el Gobierno llegó al borde del abismo legislativo y tuvo que ceder en casi todos sus puntos conflictivos para evitar una derrota humillante. La promesa original de una transformación profunda queda reducida a una reforma mutilada, donde los únicos perdedores claros son la propia coherencia ideológica del oficialismo y la promesa de una “revolución” sin ataduras.
Análisis de las Concesiones: Un Mapa de las Derrotas Oficialistas
Cada uno de los 28 cambios anunciados puede leerse como una línea en el acta de rendición del Ejecutivo:
- La Baja de Ganancias: La Gran Capitulación: La eliminación total del capítulo que reducía el impuesto a las sociedades no es una “postergación”, sino una derrota política de primer orden. Era un pilar no negociable para el Presidente Milei, quien argumentaba que era el motor para la creación de empleo. Su borrado del texto, un pedido explícito de las provincias y la oposición, evidencia que el Gobierno carece del capital político para imponer su agenda fiscal. Hablar ahora de un futuro “pacto fiscal” suena a consuelo retórico.
- Las Pymes: Un Beneficio que Esconde una Trampa: La creación de un fondo que prioriza a las pequeñas y medianas empresas para subsidiar despidos es presentada como una victoria federal. Sin embargo, consolida un sistema de indemnización por seguro y aleja el ideal libertario de un mercado laboral completamente desregulado. Es una concesión a la UCR y a los gobernadores que revela la prioridad: salvar la reforma, aunque sea renunciando a sus fundamentos más puros.
- Los Sindicatos: El “Diálogo Subterráneo” que Silenció la Reforma Real: Las concesiones a la CGT son las más simbólicas. Mantener el aporte del 6% a las obras sociales y el cobro compulsivo de la cuota sindical (aunque con tope) significa que el Gobierno retrocedió en su intento de desfinanciar y debilitar estructuralmente al movimiento gremial. La movilización de este miércoles, entonces, no fue ignorada; fue tan efectiva que obligó a reescribir el proyecto. La “licuación del poder sindical” prometida queda en un simple recorte transitorio.
La Estrategia del “Mal Menor”: Salvar Algo para No Perderlo Todo
Este paquete de cambios no es una reforma laboral en el sentido que pregonaba La Libertad Avanza. Es, en el mejor de los casos, una ley de modernización de procedimientos (bancos de horas, juicios más ágiles) y, en el peor, un conjunto de parches que mantiene intacto el poder de los actores tradicionales: sindicatos, provincias y grandes cámaras empresariales.
Bullrich puede jactarse de tener 44 votos asegurados, pero esos votos tienen un precio altísimo: la desnaturalización de la propuesta original. El Gobierno cambió votos por contenido. La sesión del miércoles, entonces, no será la de una gran victoria, sino la de una supervivencia negociada. El mensaje final es claro: en el Congreso, el discurso de la imposición choca con la realidad de los números, y quien no tiene mayoría, se ve forzado a claudicar.