Llegan 5.500 vehículos chinos bajo un decreto que exime de impuestos. El debate enfrenta al gobierno, que defiende la apertura, con críticos que advierten sobre el cierre de fábricas y la pérdida de empleo industrial.
La llegada de autos eléctricos chinos reaviva el debate sobre el futuro de la industria nacional
La llegada al puerto de Zárate de un barco con 5.500 automóviles eléctricos de la marca china BYD, que ingresarán al país sin pagar el arancel del 35%, puso en el centro de la escena la profunda discusión sobre la política industrial del gobierno nacional y sus efectos en el sector manufacturero local.
Los vehículos ingresan amparados por el Decreto 49/2025, que establece un cupo anual de 50.000 unidades libres de impuestos de importación entre 2026 y 2030. El hecho generó un cruce público entre el ministro de Economía, Luis Caputo, y el diputado Miguel Ángel Pichetto, quien calificó la operación como una “pérdida de dólares” que “destruye el trabajo argentino”.
El dilema industrial: producir o importar
El debate subyacente es ideológico y práctico. Por un lado, el gobierno sostiene que la apertura importadora es el camino para abaratar bienes para el consumidor y presionar a una industria local que considera “no competitiva” y prebendaria. El secretario de Coordinación de Producción, Pablo Lavigne, fue contundente en noviembre: “La mejor política industrial es la que no existe”.
Esta postura choca con las advertencias de sectores industriales y políticos opositores, que hablan de un “industrialicidio”. Señalan que la falta de incentivos y un tipo de cambio bajo (clave para la estrategia fiscal oficial) asfixian a las fábricas, licúan exportaciones y facilitan el ingreso de productos terminados, desalentando la inversión productiva local.
El doble rol de las terminales automotrices
El decreto revela una complejidad adicional: la mitad del cupo libre de aranceles está reservado para las propias terminales automotrices radicadas en el país. Esto las coloca en una encrucijada: pueden elegir importar vehículos eléctricos (potencialmente fabricados en China por sus propias marcas) para ganar participación en un mercado emergente, mientras paralelamente producen autos a combustión localmente.
Analistas contrastan esta estrategia con la de Brasil, donde una apertura inicial similar se usó como palanca para forzar la radicación de fábricas de vehículos eléctricos, como las que BYD y GWM ya construyen allí. “Allá los cupos de importación se usaron como política productiva para que haya más producción nacional. Acá eso no está pasando”, afirmó el consultor Alberto Cifuentes.
Un silencio elocuente
Uno de los aspectos más llamativos del debate es la cautelosa postura pública de los principales referentes industriales argentinos. Tras declaraciones aisladas, como las de Paolo Rocca (Techint) pidiendo una política industrial con “racionalidad”, el sector no ha articulado una crítica frontal a las medidas que, según analistas, los perjudican directamente.
Mientras el gobierno insiste en que su modelo busca terminar con subsidios y protecciones para bajar la inflación, sus críticos advierten que el costo será la pérdida irreversible de capacidades productivas, conocimiento técnico y empleo calificado en un país que históricamente ha luchado por desarrollar su industria.
Fuente: con informacion de Tiempo Argentino