La timba con el oro patrio y la factura que pagamos todos los argentinos

Un informe de la Auditoría General de la Nación reveló que la gestión de Santiago Bausili en el Banco Central acumuló un quebranto de más de US$ 1.000 millones por operar con derivados financieros usando las reservas de oro. Luis Caputo y el equipo económico deben responder ante un perjuicio histórico.


El informe de los estados contables del Banco Central de la República Argentina (BCRA) presentado por la Auditoría General de la Nación (AGN) no deja margen para las eufemismos. Detrás del relato técnico sobre instrumentos financieros y coberturas de mercado, lo que la auditoría expuso es un fracaso estrepitoso de gestión financiera que le costó al país un quebranto neto de US$ 1.023 millones durante el ejercicio 2025.

Bajo la conducción de Santiago Bausili en el Banco Central y con la venia del ministro de Economía Luis Caputo, la autoridad monetaria decidió utilizar las reservas físicas de oro —patrimonio de todos los argentinos— como activo subyacente para especular en el mercado de derivados financieros liquidables en dólares. El cálculo falló y la factura de esa imprudencia fue exorbitante.

Cuando el perro muerde su propia cola: error de cálculo y pérdida real

Las cifras oficiales reveladas por el titular de la AGN, Juan Manuel Olmos, detallan que el saldo negativo ascendió a $1,5 billones de pesos (equivalentes a US$ 1.023 millones), integrados por US$ 960 millones de pérdida directa en la operatoria y US$ 62,8 millones pagados en concepto de primas de opciones.

Resulta imprescindible distinguir la contabilidad del flujo de caja: mientras la revaluación de las tenencias de oro mostró un aumento meramente contable en pesos por la suba de la cotización internacional del metal, el quebranto por las operaciones con derivados fue un desembolso real e irrecuperable de divisas líquidas.

Tal como subrayó la propia AGN, desde que existen registros de auditoría sobre los balances del Central, jamás se habían utilizado las reservas físicas de oro para operaciones de riesgo de semejante envergadura. Lo que se promocionó como una “estrategia sofisticada de cobertura” terminó convirtiéndose en una apuesta financiera fallida con recursos públicos.

De las bóvedas al extranjero: la opacidad como norma

A este severo perjuicio patrimonial se le suma el capítulo del traslado físico de los lingotes hacia plazas internacionales. La decisión de sacar el oro del país, rodeada de hermetismo y falta de explicaciones oportunas, se encuentra bajo una auditoría específica que busca determinar los motivos, destinos y eventuales beneficiarios de semejante maniobra.

Esta secuencia de decisiones no solo derivó en una investigación de los organismos de control, sino también en denuncias penales impulsadas en la Justicia Federal contra el presidente Javier Milei, el ministro Luis Caputo y el titular del BCRA Santiago Bausili, bajo imputaciones por abuso de autoridad y malversación de caudales públicos.

El impacto en las provincias y la economía real

Las decisiones macroeconómicas tomadas en los despachos porteños no ocurren en un vacío abstracto. Cuando el Banco Central dilapida más de mil millones de dólares en maniobras especulativas, se debilita la capacidad del Estado para estabilizar la moneda, contener la inflación y garantizar el financiamiento que la economía real desesperadamente necesita.

En provincias alejadas del centro político como Tierra del Fuego, donde las comunidades de Ushuaia, Río Grande y Tolhuin enfrentan los embates del ajuste y la parálisis de la obra pública, presenciar cómo se pierden recursos de esta magnitud erosiona la confianza institucional. La prudencia y la transparencia en la administración de las reservas del país no son una opción; son un deber insoslayable de los funcionarios públicos.

Más leídas