4 agosto, 2021

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Nachter, el empresario valenciano que supera al Rubius en TikTok gracias a hacer lo que nadie esperaba

Más de 3,5 millones de personas siguen a este valenciano que, en una plataforma llena de erotismo, optó por el humor para toda la familia. Hablamos con él sobre la clave de su éxito y de las voces que lo acusan de copiar a otros ‘tiktokers’


En su perfil de LinkedIn, Ignacio Gil Conesa luce traje, corbata, sonrisa corporativa, estudios universitarios y un cargo acorde con su formal indumentaria: director de compras del grupo Saona, una cadena de restaurantes. En TikTok, este valenciano de 30 años se hace llamar Nachter y asoma con peluca gris y bata de andar por casa, emulando a una madre severa que amenaza chancla en mano; o con sudadera y bobalicona sonrisa de preadolescente, encarnando al temeroso hijo de la susodicha; o con gafas de presbicia, haciendo de padre o profesor.

Con estos mimbres, el humorista Nachter se ha convertido en una de las grandes estrellas de la aplicación que más crece en el mundo (en 2020 fue descargada 850 millones de veces, más que ninguna otra) y la más popular en España durante la pandemia (8,4 millones de descargas el año pasado). Tres millones y medio de personas le siguen. Tiene más fans en TikTok que José Mota (un millón), Jorge Cremades (1,3 millones), Rubius (2,9 millones), El hormiguero (936.000), Florentino Fernández (270.000) y Santiago Segura (191.000).

Cualquiera que esté al corriente de lo que se cuece en TikTok se habrá topado alguna vez con su cara aniñada, la peluca, la chancla y todo ese inefable clan al que interpreta. También se habrá dado cuenta de que sus simpáticos scketches contrastan con el abrumador festín de bailes provocativos y chistes picantes que dan aparente sentido a esa red social. Si TikTok ha triunfado es por los leggings ultraceñidos y el humor grueso, pero Nachter se ha convertido en exponente de la comicidad saliéndose de la norma: sus vídeos, que él define como de “humor blanco”, hacen reír a hijos y padres por igual.

Hay, sin embargo, un sector de creadores digitales que no ríen. El pasado febrero otros creadores de contenidos acusaron a Nachter de plagiar algunos vídeos. El valenciano no quiere entrar en la polémica, pero argumenta que cualquiera que conozca TikTok sabe que las réplicas son una de sus razones de ser. Se defiende explicando que, en su caso, siempre cita las fuentes. “No quiero pensar que sea por envidia. Prefiero creer que simplemente no caigo bien a algunos influencers. Porque no me conocen personalmente, igual que puede caerte mal un actor al que solo ves en televisión. Pero conozco a muchos compañeros y son geniales”, comenta.

Un perfil para todos los públicos

“Si ves un vídeo de Rubius, dudo de que tu hijo lo comparta contigo”, dice Nachter a ICON. “Sin embargo, los míos los comparten los hijos con los padres. Les dicen: ‘Mira, así eres tú’, y ambos se ríen. Hoy en día los hijos están aislados en su mundo de YouTube y los padres en el de la televisión. Mis vídeos sirven de nexo de unión. Cualquier padre quiere tener cosas en común con su hijo, más aún durante la pandemia, que ha hecho que las familias pasen más tiempo juntas y busquen entretenimientos compartidos”.

Su inclinación por este tipo de humor viene de su propia convicción, una educación tradicional y su experiencia en Internet. Cuando empezaba, Nachter recibió un mensaje de una niña de ocho o nueve años. “Me dijo que veía mucho mis vídeos. Pensé: ‘No puedo hacer contenido adulto en una red social en la que tengo a mucha gente pequeña siguiéndome’. Busqué un humor muy global que pueda ver todo el mundo. En televisión, el humor es muy blanco. Pero en las redes sociales no hay filtros. Aquí vale todo”, señala.

En unos tiempos en que se debate sobre los límites del humor, ni mirados con lupa sus vídeos pueden herir susceptibilidades. A la madre se la presenta como intransigente y feroz, pero al mismo tiempo se ensalzan sus “superpoderes”, de lo que resulta un perfil entrañable. Le ha dedicado la serie de vídeos Academia de madres. En uno de ellos, la protagonista aconseja a sus alumnas: “Cuando nuestros hijos nos ponen nerviosas, debemos escribir en un trozo de papel lo que nos ha puesto nerviosas para luego meterlo en una botellita de cristal”; “Oh, es una forma muy bonita de desahogarse”, interrumpe una candorosa pupila; “No, espera, que no he terminado. ¡Y luego lo que haremos será coger la botella y reventársela en la cabeza!”.

“El humor se basa en exagerar las cosas”, opina el tiktoker valenciano. “Si hace gracia un monólogo de Dani Rovira es porque lo exagera todo mucho. Aquí intento exagerarlo el triple. Mi madre no me tiraba la chancla ni me dejaba tirado en el suelo sin conocimiento. Trato de presentar a la madre como una figura a la que se quiere y con la que se conecta. Alguna vez me han dicho: ‘¿Cómo es que siempre está en bata?’. No tengo trajes de mujer para ponerme; no dispongo del presupuesto de José Mota”.

El padre tampoco se libra de su implacable sátira. En un vídeo, el Nachter adolescente le pregunta a su padre cuándo es el cumpleaños de la madre. El progenitor responde: “Creo que en febrero… Eh… Marzo. Febrero o marzo, no me acuerdo. ¿O era mayo?”. Cuando el chico le pregunta a su madre cuándo es el cumpleaños del padre, ella precisa: “El 6 de diciembre. Que justo cae en el día de san Nicolás. Y también es el cumpleaños de la tía María. Que el día 7 fue cuando hicimos el viaje a Argentina hace dos años. Por cierto, ¿qué tal la educación física, ¿has encontrado las zapatillas al final? Y no te olvides de que mañana tienes examen de inglés y la semana que viene de matemáticas y lengua. Intenta que no coincida con la renovación del pasaporte, que te caducó hace dos días”. Como él aduce, “el humor también explota estereotipos: en Padre de familia o Los Simpson el padre siempre está en el sofá, viendo la tele, gordo, y la madre es la que tira de la prole”.

Quizá ese aire inofensivo es lo que le ha hecho destacar en la procaz marabunta de TikTok, que no es siempre lo que parece. Una vez descorrida la cortina de cuerpos semidesnudos y bromas subidas de tono, aparecen contenidos aptos para todos los públicos: consejos de nutricionistas, pautas de psicólogos, rutinas de entrenamiento… “Cuando te descargas la aplicación —explica Nachter—, por defecto te muestra vídeos sexis, para engancharte. El sexo siempre llama la atención; el porno es lo más buscado en Internet. Pero si, por ejemplo, empiezas a seguir a un nutricionista, el algoritmo comienza a mostrarte vídeos de nutricionistas. Esa otra cara de TikTok es muy interesante. Yo sigo a unos abogados que son fantásticos”.

‘Influencers’ y empresarios

El Nacho Gil Conesa al otro lado del teléfono no es el adolescente boquiabierto, ni la madre de la chancla, ni el padre alelado; seguramente se parece más al ejecutivo del grupo Saona. Es un tipo educado, centrado, instruido; sus conocimientos de las redes sociales rozan lo académico. De niño quería ser actor, pero sus padres, ambos docentes, le quitaron la idea de la cabeza. Estudió Administración y Dirección de Empresas. Mientras, montó dos negocios, el primero con 18 años. Realizó un máster en Gestión de Servicios, Productos y Empresas. En mayo defenderá su tesis doctoral “sobre la confianza de los directivos en los trabajadores y cómo eso afecta al consumidor final a través de las redes sociales”.

Fue su inquietud teórica la que le llevó a crear una cuenta en Instagram hace seis años. “Quería estudiar cómo funcionaba”, reconoce. “Es como una empresa: tienes un producto que consideras bueno, pero ¿cómo se lo vendes a la gente? No hay tanta diferencia entre un emprendedor empresario y un emprendedor en redes sociales. Para ser un buen influencer hay que ser un buen empresario también. Hay mucha gente que tiene un producto estupendo pero no sabe hacerlo llegar al público”.

Al principio, cuando todavía no mostraba su rostro en la red, probó muchas estrategias: empezó a seguir cuentas de humor, esperando que le siguieran de vuelta; repartía me gusta a destajo para atraer la atención; se lo comunicó a muchos amigos; fue constante en las publicaciones. Interactuaba con otras cuentas pequeñas. “Igual que si fabricas zapatillas no puedes ir a contárselo a Inditex, si estás empezando debes hablar con cuentas de 100, 200 seguidores; y ahí fue cuando empecé a probar con mi imagen a la vez que aprendía a editar vídeos”, apunta.

Ha empleado sus conocimientos en orientar a niños y adolescentes. Durante dos años trabajó para la Fundación Mainel (enfocada a la educación y la cultura), y recorrió colegios e institutos dando charlas acerca de emprendimiento, que él aprovechaba para tirar piedras sobre su tejado y alertar de la adicción a Internet. “Les hacía pensar sobre la cantidad de horas que pasan con el móvil: cuatro horas diarias equivalen a 1.440 horas al año, o lo que es lo mismo, 90 días (sin contar las ocho horas de dormir). Les decía: ‘Si esos tres meses lo dedicaras a ser músico, a aprender inglés o a un proyecto de empresa, sería mucho más productivo’. Les animo a practicar un ocio activo”, apunta. A los padres les azuzaba para se pusieran las pilas en esas redes sociales donde tanto tiempo pasan sus hijos. “No sé cuánto tiempo voy a ser influencer, pero si no puedo aportar algo bueno a la sociedad, ¿de qué me sirve serlo?”.

Creatividad casera

Aterrizó en TikTok sin mucha convicción, por abarcar otra red, pero pronto descubrió que era el canal idóneo para sus vídeos. Esa mezcla de humor y capacidad de sorprender es lo que, según Nachter, ha encumbrado dicha aplicación y movido a muchos influencers a aparcar otras redes y centrarse en esta. “En TikTok hay mucha alegría. La gente en general es muy sana. La posibilidad que ofrece de usar el audio de un vídeo que te gusta y recrearlo, me parece muy divertida. Es superentretenida, muy dinámica. El pasado agosto dejé de ver Instagram como red social central y me volqué en TikTok para disfrutar”. Ahí fue cuando empezó a pegar el pelotazo.

Publicar cuatro o cinco vídeos al día requiere tiempo e ideas. Nachter lleva consigo un cuaderno donde apunta cualquier ocurrencia. Graba los vídeos cuando vuelve a su domicilio a la hora de comer (vive a cinco minutos de su oficina) y a partir de media tarde. “Yo trabajo ocho horas y hago mis vídeos cuando llego a casa. No quiero cambiar mi vida. Me invitan a yates o a probar un coche de lujo; ¿para qué quiero yo eso? Prefiero seguir haciendo mi vida normal”, dice. Está casado y dice de su esposa que le apoya y “tiene una paciencia enorme. Entiende que es un proyecto al que estoy dedicando tiempo”, asegura.

Aunque en sus vídeos no hay emplazamiento publicitario de productos, le está llegando dinero. Por dos vías: el que recibe de la propia aplicación por su impacto y el de anunciantes. “He hecho dos anuncios: de Chips Ahoy! y El Gaitero”, explica. “Te piden analíticas y te pagan en función de las expectativas: unos 600 euros por 100.000 visitas. La aplicación paga tres céntimos por mil visitas; en YouTube, entre 300 y 500 euros por un millón de visitas. Pero no dejaría mi trabajo nunca: las redes pueden caerse mañana”.

Cabe preguntarse qué impulsa a un tipo con un buen empleo y una tesis doctoral en ciernes seguir subiendo vídeos de humor a TikTok: no vive de ello, y resulta una labor muy exigente. “Es una mezcla entre diversión y presión”, responde. “Si tú escribes un artículo y lo leen 500.000 personas, y al día siguiente escribes otro y lo lee un millón, y el siguiente, un millón y medio, igual hay un día que no te apetece escribir, pero sabes que hay mucha gente esperando tus artículos. Pero lo que más me anima son los mensajes tan positivos que recibo. De gente que está en hospitales, que ha perdido a seres queridos por enfermedades. ‘Tenía un día de mierda y me lo has alegrado’. Recibo mogollón así al día. Y es leerlos y me entra un subidón… Piensas: ‘Si este tío está pasando por un cáncer, ¿no voy yo a saltarme la siesta y ponerme a subir vídeos?”.

Fuente: El País