Moreyra asume Obras Públicas en Tierra del Fuego: el desafío de construir sin Nación

El flamante ministro fueguino delineó los ejes de su gestión con un mensaje claro: la provincia seguirá ejecutando obras estratégicas aunque el Gobierno nacional haya cortado el financiamiento. En un contexto de ajuste, Tierra del Fuego apuesta a la infraestructura como motor de desarrollo.


Mientras el Gobierno nacional afila la motosierra y deja caer proyectos en todo el país, Tierra del Fuego elige remar contra la corriente. El flamante ministro de Obras y Servicios Públicos, Martín Moreyra, asumió al frente de la cartera con un diagnóstico preciso y un desafío mayúsculo: sostener la obra pública provincial en un contexto donde la Casa Rosada no solo no acompaña, sino que abandonó compromisos previos.

Moreyra no llega a un territorio desconocido. Viene de desempeñarse como Secretario de Obras y viceministro, lo que garantiza una línea de continuidad en una gestión que ahora deberá extremar recursos para mantener el ritmo de la infraestructura fueguina. En su presentación, el flamante ministro agradeció la confianza del Gobernador y dejó en claro que el objetivo es darle continuidad a los proyectos ya planificados, incluso si eso implica que la provincia meta la mano al bolsillo para financiar lo que antes pagaba Nación.

El contexto nacional, vale recordarlo, es hostil para la obra pública. El gobierno de Javier Milei paralizó licitaciones, frenó transferencias y declaró que la construcción estatal no es prioridad. En ese escenario, provincias como Tierra del Fuego quedaron con el mochuelo de financiar obras que ya estaban en marcha o que consideran estratégicas para su desarrollo.

“La provincia debió asumir la ejecución y el financiamiento de algunas obras que el Gobierno Nacional dejó de acompañar”, admitió Moreyra, en una frase que condensa el nuevo federalismo de ajuste: cada uno se arregla como pueda.

El mensaje del ministro, sin embargo, no fue de lamento sino de reafirmación. La obra pública, dijo, “constituye una herramienta central para mejorar la calidad de vida de la ciudadanía y acompañar el crecimiento de la provincia”. Traducción: acá no nos quedamos de brazos cruzados esperando que Nación se apiade.

El desafío, claro, es financiero. Mantener una política de infraestructura activa con recursos propios, en un contexto de inflación y caída de la recaudación, requiere no solo voluntad política sino también una gestión obsesiva de los recursos. Moreyra habló de “optimizar” y “redoblar esfuerzos”, términos que en la jerga administrativa suelen significar hacer más con menos.

La pregunta que flota en el aire es hasta dónde podrá llegar la provincia si el ajuste nacional se profundiza. Por ahora, la señal es clara: mientras en Buenos Aires hablan de “no hay plata”, en Ushuaia prefieren mostrar que, al menos, hay gestión. Moreyra asume con la mochila de mantener vivo un rubro que para Nación es gasto, pero que para Tierra del Fuego es desarrollo. La diferencia de enfoque no podría ser más abismal.

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