El presidente cierra su gira en EE.UU. con un encuentro con el premier israelí, acusado por la CPI de crímenes de guerra. La agenda oficial habla de inversiones; la realidad, de complicidad con un genocidio.
El presidente Javier Milei culmina este jueves su viaje a Nueva York con una última actividad confirmada: una reunión con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y una disertación ante The Economic Club of New York. La agenda oficial habla de inversiones, energía y oportunidades para la Argentina. La realidad, sin embargo, es mucho más incómoda.
Netanyahu es, desde noviembre de 2024, buscado por la Corte Penal Internacional (CPI) con una orden de detención por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en Gaza. La acusación incluye el uso del hambre como método de guerra, ataques contra la población civil y la destrucción sistemática de la infraestructura básica que sostiene la vida en el territorio palestino.
Más de 60.000 palestinos muertos. Miles de niños. Hospitales, escuelas, campos de refugiados, mezquitas, iglesias, todo convertido en escombros. Y en medio de ese paisaje de devastación, el presidente de la Argentina elige reunirse con el hombre señalado por la justicia internacional como uno de los responsables.
La agenda oficial: inversiones y Vaca Muerta
Según informó Noticias Argentinas, la idea del jefe de Estado es brindar un detalle ante los ejecutivos y el mundo financiero del programa económico que elaboró desde su llegada a Casa Rosada. Un programa que, desde su visión, facilita posibilidades de inversión.
No fue casual que en su discurso en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que dio el miércoles, le pida a los empresarios “que inviertan” en la Argentina. Sobre todo, en materia energética.
Para sustentar su frase, el mandatario sostuvo: “Al sector energético mundial quiero decirle que Vaca Muerta es una oportunidad histórica con potencial para ser una de las grandes protagonistas energéticas de las próximas décadas”.
Al resaltar el valor estratégico del yacimiento, pidió directamente a los empresarios que “vengan, inviertan, desarróllenla. Háganlo con nosotros”. De esta manera, volvió a incentivar la llegada de inversiones al país en su tercer discurso ante el plenario del organismo internacional.
El límite: Malvinas
Sin embargo, indicó que la convocatoria no incluye a las empresas que están vinculadas al desarrollo de recursos en las Islas Malvinas al asegurar que “esta invitación tiene un límite”, afirmando que “no seremos indiferentes frente a quienes explotan recursos bajo ocupación externa ilegal” y remarcó que “la posición argentina está tomada”.
En este sentido, contrastó la postura actual con la que tuvo el país en el pasado señalando que “hoy vengo a decirles que la Argentina no se va a sentar a esperar a que la ONU y la comunidad internacional estén a la altura de su propio mandato, va a tomar cartas en el asunto”.
La pregunta que nadie hace
Milei pide inversiones. Pide que vengan a Vaca Muerta. Pide que desarrollen el yacimiento. Pero hay una pregunta que nadie hace: ¿qué tipo de país quiere ser la Argentina?
¿Un país que se alinea con un líder acusado de genocidio? ¿Un país que prioriza las inversiones por encima de los derechos humanos? ¿Un país que reclama soberanía sobre Malvinas pero ignora la ocupación ilegal de Palestina?
La reunión con Netanyahu no es un detalle protocolar. Es una señal política. Una señal que dice: para este gobierno, las inversiones están por encima de todo. Incluso por encima de la justicia internacional.
El regreso a la Argentina
Luego de pisar The Economic Club of New York, Milei emprende regreso a la Argentina. Su vuelo de regreso está programado para las 21, estimándose su arribo a la Aeroestación Militar Aeroparque para el viernes 25 a las 8:30.
La gira internacional del presidente incluyó también su participación en la Asamblea General de la ONU, donde utilizó la causa Malvinas como eje de su discurso y cuestionó duramente al organismo multilateral.
En Tierra del Fuego, donde la soberanía es parte de la identidad provincial, la pregunta que queda dando vueltas es la misma: ¿se puede defender Malvinas y al mismo tiempo ignorar Palestina? ¿Se puede reclamar justicia para las islas y cerrar los ojos ante Gaza?
Porque al final, la soberanía no es selectiva. O se defiende en todos lados, o no se defiende en ningún lado.