El Presidente defendió su gestión y destacó la baja de la inflación y el crecimiento de la economía. Pero los datos laborales, empresariales y salariales muestran otra cara: menos empleo privado, demanda débil, pérdida de ingresos disponibles y más endeudamiento familiar.
El presidente Javier Milei defendió el rumbo económico de su Gobierno durante su exposición en el Council of the Americas y aseguró que cumplirá con sus objetivos de bajar la inflación y hacer crecer la economía. Sin embargo, al contrastar sus afirmaciones con los últimos datos sobre empleo, actividad empresarial, salarios e ingresos familiares aparece una fotografía bastante más compleja.
“Mi mandato es bajar la inflación y hacer crecer la economía y lo voy a cumplir”, afirmó Milei, quien aseguró que durante su administración la inflación cayó un 85%. También sostuvo que la economía acumuló un crecimiento del 8,3% desde el inicio de su gestión y rechazó la idea de que Argentina esté atravesando un crecimiento a dos velocidades.
El Presidente resumió su diagnóstico con otra frase: “La foto es horrible, pero la película sigue siendo la mejor de la historia argentina”.
El problema para el Gobierno es que esa “película” tiene varios indicadores que todavía no acompañan el relato de recuperación generalizada.
El empleo privado lleva ocho meses sin crecer
Uno de los principales contrastes aparece en el mercado laboral.
Según los datos de la Encuesta de Indicadores Laborales de la Secretaría de Trabajo, el empleo privado registrado volvió a caer 0,1% en junio y acumuló ocho meses consecutivos sin crecimiento.
En la comparación interanual, la caída llegó al 1,3%, mientras que todos los sectores relevados registraron menos empleo que un año atrás.
El deterioro es particularmente fuerte entre las empresas más pequeñas.
Las pymes concentran buena parte de la pérdida
En junio, los puestos de trabajo de las pequeñas empresas cayeron 0,4% mensual, cuatro veces más que el retroceso registrado entre las grandes compañías, que fue del 0,1%.
En términos interanuales, las pequeñas empresas acumularon una baja del 1,9%, frente al 1,5% de las grandes y el 0,6% de las medianas.
El dato resulta especialmente relevante porque las pequeñas y medianas empresas tienen un peso central en el mercado laboral argentino.
La discusión, entonces, no pasa solamente por saber si el PBI crece. También importa qué sectores generan ese crecimiento y qué sucede con el empleo que sostiene los ingresos de los hogares.
Las empresas tampoco proyectan una fuerte recuperación
Los datos del INDEC relevados por El Litoral tampoco anticipan una recuperación contundente del empleo durante los próximos meses.
En la industria manufacturera, el 17,1% de las empresas prevé reducir su personal entre agosto y octubre, mientras apenas el 4,1% espera aumentarlo.
El balance de expectativas de empleo quedó en -13%, peor que el -11,3% de la medición anterior.
En supermercados y autoservicios mayoristas el panorama es todavía más claro: ninguna de las empresas relevadas prevé aumentar su plantilla durante ese período. El 87,5% espera mantenerla y el 12,5% anticipa una reducción.
Esto no demuestra por sí solo que la economía no pueda crecer. Sí muestra que el crecimiento todavía no se está traduciendo en una expansión generalizada de la contratación.
La demanda interna aparece como el principal problema
Otro dato atraviesa los relevamientos empresariales: la falta de demanda.
En la industria, el 52,9% de las empresas señaló a la demanda insuficiente como el principal obstáculo para aumentar la producción.
Además, el 49,7% consideró que su cartera de pedidos se encuentra por debajo de lo normal.
En el comercio, el problema es todavía mayor: 63,6% de las empresas identificó a la demanda como el principal factor que limita una mayor actividad.
La industria tampoco proyecta un salto de producción. Para el trimestre agosto-octubre, el 70,9% de las firmas espera mantener su volumen sin cambios, el 16,1% prevé una caída y apenas el 13% espera una mejora.
Hay una diferencia interesante: las exportaciones mantienen un saldo esperado positivo, mientras la demanda doméstica continúa más débil. Esto ayuda a explicar por qué algunos sectores vinculados al agro, la energía o la minería pueden mostrar una dinámica diferente a la de actividades más dependientes del consumo interno.
El problema no termina en el salario: cae el dinero disponible
Acá aparece uno de los datos más importantes del informe del CETyD-UNSAM difundido por Perfil.
El deterioro de los ingresos no se explica únicamente por la evolución del salario real.
Una vez descontados los gastos fijos del hogar, el salario disponible cayó 8,2% durante los primeros cuatro meses de 2026, más del doble que la caída de 3,8% registrada por el salario total en ese período.
La diferencia volvió a ampliarse en abril: mientras el salario total perdió 0,2% mensual de poder adquisitivo, el salario disponible cayó 1,3%.
Según el Monitor Sociolaboral del CETyD, los gastos relacionados con vivienda, agua, electricidad, gas, transporte y comunicaciones ya representan una pérdida de 17 puntos porcentuales del salario total percibido.
Es un dato central para entender por qué una persona puede mantener su empleo y, al mismo tiempo, sentir que tiene menos dinero disponible.
El salario perdió más cuando se descuentan los gastos fijos
La comparación de largo plazo profundiza el diagnóstico.
De acuerdo con el CETyD, el salario promedio del sector privado se encuentra 14% por debajo del nivel de hace diez años.
Pero cuando se calcula cuánto queda después de pagar los gastos fijos, la pérdida alcanza el 24%.
Esto cambia la discusión sobre el mercado laboral.
No necesariamente se trata de una economía donde millones de personas quedan directamente fuera del mercado de trabajo. El problema también puede aparecer dentro del propio mercado laboral: personas ocupadas que necesitan trabajar más horas, sumar otro empleo o incorporar a otro integrante del hogar al mercado laboral para sostener los ingresos.
Más personas trabajando para una economía que produce poco más
El informe del CETyD introduce otro dato relevante.
Durante la última década, la producción del sector privado aumentó apenas 7%, mientras las horas trabajadas crecieron 11% y la cantidad de trabajadores aumentó 17%.
Es decir, la cantidad de personas ocupadas creció considerablemente más que la producción.
El resultado es una mayor presión sobre el mercado laboral y sobre los ingresos por trabajador.
El fenómeno también tiene una dimensión sectorial: mientras actividades intensivas en capital como agro, minería y energía muestran una dinámica más favorable, sectores con mayor peso en el empleo —como industria, construcción y comercio— permanecen rezagados.
Eso ayuda a entender por qué puede existir crecimiento económico sin una mejora equivalente en la situación de una parte importante de los trabajadores.
Pluriempleo: trabajar más para compensar ingresos que no alcanzan
El CETyD identifica un fenómeno que se está volviendo cada vez más importante: el pluriempleo.
Más personas buscan una segunda ocupación y más integrantes de las familias ingresan al mercado laboral para compensar la pérdida de capacidad de compra.
El informe denomina a este último fenómeno “efecto del trabajador adicional”.
También aumentan las situaciones de subocupación: personas que trabajan menos horas de las que necesitan y quisieran trabajar más.
A esto se suma la expansión de empleos informales y trabajos por cuenta propia de pequeña escala.
La conclusión del informe es contundente: “El problema no es la falta de trabajo sino la falta de ingresos”.
La frase permite mirar el problema desde otro ángulo. No alcanza con medir cuántas personas tienen empleo. También hay que observar cuántas horas trabajan, cuánto ganan y cuánto les queda después de pagar los gastos básicos.
Cuando el ingreso laboral no alcanza, aparece el crédito
El otro mecanismo utilizado por los hogares es el endeudamiento.
Según el informe del CETyD citado por Perfil, en abril de 2026 el saldo real del crédito bancario otorgado a las familias era 77% superior al de noviembre de 2023.
El financiamiento a través de proveedores no financieros prácticamente se duplicó.
Pero el salto más fuerte aparece en los préstamos personales.
El saldo real de los préstamos personales otorgados por los bancos fue en abril 176% mayor que en noviembre de 2023.
Entre los proveedores no financieros, este tipo de crédito había aumentado 141% en términos reales hasta febrero de 2026.
La lectura del informe es que una parte creciente del crédito no se utiliza necesariamente para comprar bienes durables, sino para cubrir gastos corrientes o imprevistos.
Y existe otro límite: el peso de la deuda sobre los ingresos.
De acuerdo con una estimación del BCRA citada por el CETyD, en abril los pagos de capital e intereses de las deudas absorbieron casi una cuarta parte de los ingresos de los asalariados formales.
La deuda empieza a mostrar señales de agotamiento
Esta estrategia tiene un límite.
Si el salario disponible cae, una familia puede intentar compensarlo trabajando más. Si eso no alcanza, puede recurrir al crédito.
Pero el crédito también debe pagarse.
El propio informe del CETyD advierte sobre el aumento de la morosidad y plantea una pregunta que sintetiza el problema: “La pregunta entonces es qué viene después”.
Ese interrogante es especialmente relevante porque el deterioro de los ingresos y el aumento del endeudamiento pueden terminar afectando justamente aquello que los datos empresariales ya muestran debilitado: la demanda interna.
¿La economía crece? Sí. ¿Eso alcanza para explicar la situación social?
El punto central del debate está justamente ahí.
Milei sostiene que la economía creció y que la reducción de la inflación es uno de los principales logros de su administración. También afirma que la transformación económica implica una reasignación de recursos y que algunas empresas desaparecerán mientras surgen otras.
Los datos disponibles no permiten afirmar simplemente que “la economía no crece”.
Pero tampoco permiten sostener que ese crecimiento ya se transformó en una recuperación generalizada del empleo, los ingresos y el consumo.
La evidencia muestra simultáneamente:
- 8 meses sin crecimiento del empleo privado registrado.
- 1,3% de caída interanual del empleo privado registrado en junio.
- 0,4% de caída mensual del empleo en pequeñas empresas.
- 17,1% de las industrias prevé reducir personal.
- 52,9% de las industrias identifica la demanda insuficiente como principal obstáculo.
- 63,6% de las empresas comerciales señala el mismo problema.
- 8,2% de caída del salario disponible durante los primeros cuatro meses de 2026.
- 24% de pérdida del ingreso disponible respecto de una década atrás, según la comparación del CETyD.
- 176% de aumento real de los préstamos personales bancarios respecto de noviembre de 2023.
- Casi una cuarta parte de los ingresos de asalariados formales destinada al pago de deuda, según la estimación citada por el CETyD.
Por eso, el verdadero desafío para el Gobierno no es solamente demostrar que algunos indicadores macroeconómicos mejoraron.
Es demostrar que esa mejora puede convertirse en más empleo de calidad, mejores ingresos disponibles y una recuperación sostenida de la demanda interna.
Porque una economía puede crecer mientras una parte de la población trabaja más, gana relativamente menos, se endeuda para cubrir gastos básicos y necesita sumar otro empleo.
Y esa es, precisamente, la diferencia entre crecimiento económico y recuperación social.