En medio de una agenda de ajuste, el mandatario subió al escenario del festival cordobés para interpretar “Amor salvaje”. Críticas por priorizar la imagen sobre la gestión en un contexto económico crítico.
Milei busca conexión popular en Jesús María mientras la economía argentina enfrenta el ajuste
En un gesto cargado de simbolismo político, el Presidente Javier Milei abandonó temporalmente la agenda de austeridad y duras negociaciones con el FMI para subir al escenario del 60° Festival Nacional de Doma y Folclore de Jesús María, Córdoba. Allí, invitado por Oscar “Chaqueño” Palavecino, interpretó a dúo el clásico “Amor salvaje”, generando una postal que contrasta con la severidad de su discurso de gobierno y la realidad económica del país.
El episodio, celebrado por sus seguidores como una muestra de “autenticidad” y “cercanía con la gente”, es analizado por especialistas en comunicación política como una maniobra calculada. En un contexto de inflación galopante, caída del poder adquisitivo y fuertes recortes en el gasto público, la imagen del Presidente cantando folclore busca suavizar su perfil ultra-libertario y construir un vínculo emocional con sectores del interior profundo, tradicionalmente ajenos a su base ideológica.
Populismo mediático vs. gestión de crisis
La estrategia, conocida como politainment, no es nueva en la política argentina. Sin embargo, adquiere un matiz particular bajo un gobierno que predica la “casta” y el “derroche cero”. Mientras el oficialismo negocia salvatajes financieros y anuncia más ajustes, Milei elige protagonizar un momento masivo en un festival que históricamente visitaron sólo Néstor Kirchner (2004) y Mauricio Macri (2017), buscando inscribir su presidencia en un linaje presidencial de alto impacto simbólico.
Críticos señalan la contradicción entre el espectáculo de camaradería folclórica y la realidad de un gobierno cuyas políticas impactan directamente en el bolsillo de los mismos sectores que hoy corean al “Chaqueño”. La pregunta que flota en el aire es si esta performance mediática logra distraer la atención de los indicadores económicos o si, por el contrario, profundiza la percepción de una desconexión entre el show presidencial y la emergencia social.
La visita a Jesús María cierra un período de “receso” presidencial y reactiva una agenda marcada por la tensión entre la teatralidad política y la gestión de una de las crisis más profundas de las últimas décadas.