Malvinas no son un mensaje político: el silencio del Gobierno también es una decisión

Las declaraciones de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, al considerar que la frase “Las Malvinas son argentinas” constituye un “mensaje político” reavivaron el debate sobre el rol del Gobierno nacional en la defensa de la soberanía frente a decisiones adoptadas durante el Mundial 2026.


Por Andrés Rosas

Hay decisiones que marcan una época. Algunas por lo que hacen y otras, quizás más graves, por lo que dejan de defender.

Lo ocurrido antes de la semifinal del Mundial 2026 entre Argentina e Inglaterra me deja una profunda preocupación como periodista y, sobre todo, como argentino. No porque la FIFA tenga un reglamento que prohíba mensajes políticos dentro de un estadio. Esa es una decisión que podrá compartirse o no, pero pertenece a una organización privada que fija las condiciones de sus competencias.

Lo que no puedo aceptar es que una funcionaria del Estado argentino haya afirmado públicamente que decir “Las Malvinas son argentinas” constituye un mensaje político.

La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, no dejó lugar a interpretaciones. Ante la consulta de un periodista sobre si una persona podría ingresar al estadio con una remera que dijera “Las Malvinas son argentinas”, respondió:

“Exactamente, porque está definido que ni mensajes de odio, ni contenido político y Las Malvinas son argentinas es un mensaje político.”

Y allí, para mí, aparece el verdadero problema.

Las Malvinas no son un lema partidario. No pertenecen a un gobierno ni a una oposición. No son una bandera electoral.

Las Malvinas forman parte de la República Argentina según nuestra Constitución Nacional y también integran la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

Entonces me pregunto: ¿desde cuándo afirmar que una parte del territorio nacional pertenece a la Argentina pasó a ser considerado un mensaje político?

Sería tan absurdo como decir que llevar un mapa de Mendoza, Jujuy o Tierra del Fuego constituye una provocación política.

No lo es.

Es territorio argentino.

Y esa diferencia debía quedar perfectamente clara por parte de una ministra nacional.

No estoy diciendo que Monteoliva debiera romper el reglamento de la FIFA o enfrentarse a las autoridades estadounidenses. Nadie esperaba semejante cosa.

Lo que esperaba —y creo que millones de argentinos también— era una aclaración institucional.

Podía decir que la FIFA había resuelto impedir cualquier referencia territorial para evitar conflictos entre hinchadas, pero que la Argentina mantiene intacta e irrenunciable su posición soberana sobre las Islas Malvinas.

No lo hizo.

Eligió repetir el criterio de la organización deportiva y terminó calificando como “contenido político” una expresión que representa una política de Estado desde hace décadas.

Y ese silencio también comunica.

Porque los funcionarios no representan únicamente a un gobierno de turno.

Representan a la Nación Argentina.

Más aún cuando el partido era frente a Inglaterra, país con el que la Argentina mantiene una disputa de soberanía reconocida por las Naciones Unidas.

Lo que más preocupa es que desde el Gobierno nacional tampoco apareció una voz que aclarara esta situación.

Nadie explicó que una cosa es respetar las reglas de un evento deportivo y otra muy distinta es relativizar un reclamo soberano incorporado a la Constitución Nacional.

No es un detalle menor.

Las Malvinas constituyen una causa nacional que trasciende cualquier diferencia política.

Defenderlas no debería depender del color del gobierno de turno.

Los mundiales pasan.

Los reglamentos cambian.

Los gobiernos también.

Pero la defensa de la soberanía no puede quedar condicionada por la comodidad diplomática ni por la organización de un espectáculo deportivo.

Como argentino creo que la camiseta se defiende dentro de la cancha.

Pero la soberanía se defiende todos los días.

Y cuando un funcionario argentino afirma que “Las Malvinas son argentinas” es simplemente un mensaje político, siento que el Estado dejó pasar una oportunidad para recordar algo que jamás debería estar en discusión:

Las Malvinas fueron, son y seguirán siendo argentinas.

Andrés Rosas

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