Hipocresía Oficialista: Bullrich Compra en Amazon Mientras las Textiles Argentinas Cierran por Falta de Apoyo

La senadora de LLA gasta dólares en ropa extranjera por Internet en plena crisis del sector local. Industriales acusan al Gobierno de “destruir la industria nacional” que dicen defender.


“Compran afuera, cierran adentro”: La doble vara libertaria que hunde a la industria textil argentina

En un acto de profunda incoherencia política, la senadora Patricia Bullrich, referente máximo de La Libertad Avanza, confesó en vivo que compra su ropa en Amazon desde los Estados Unidos, pagando precios irrisorios (US$40) que destrozan cualquier posibilidad de competencia para la industria nacional. Esta confesión se produce en medio de una ola de cierres de talleres y fábricas textiles en el interior del país, desatada por la combinación de importaciones sin control, tipo de cambio atrasado y una carga fiscal asfixiante que el propio Gobierno se niega a revertir.

Bullrich siguió el guión escrito días antes por el ministro Luis Caputo, quien declaró que “nunca” compró ropa argentina porque era “un robo”. Así, la cúpula oficialista no solo desprecia el producto nacional, sino que públicamente promociona el consumo extranjero, contradiciendo toda retórica nacionalista y patriótica que exigen al pueblo para sostener el ajuste.

La cruda realidad: despidos y talleres que apagan sus máquinas

Mientras Bullrich muestra su etiqueta de “Le Suit Petite” comprada por Internet, en provincias como Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires, los telares se detienen. La contradicción no es menor: un Gobierno que llegó al poder criticando a “la casta” se convierte en su máxima expresión. Sus funcionarios, con privilegios de viaje y acceso a dólares, eluden impuestos argentinos y compran en el exterior, mientras que el pequeño industrial paga uno de los costos laborales y fiscales más altos del mundo.

Claudio Drescher, presidente de la cámara textil, lo dijo sin anestesia: “Se han convertido en parte de la casta”. Sergio Colatti, empresario de Rosario, fue más lejos: “Este señor (Caputo) es un payaso… están destruyendo la industria”. Son las voces de un sector que votó masivamente a Milei esperando un cambio y hoy se siente traicionado, viendo cómo se prioriza el consumo importado barato sobre el empleo nacional.

Nacionalismo de discurso, colonialismo de acción

El oficialismo profesa un nacionalismo agresivo en lo retórico, pero en la práctica aplica un colonialismo económico: Argentina como simple mercado consumidor de lo que otros producen. Bullrich y Caputo no son ciudadanos comunes; son líderes políticos cuyas declaraciones públicas tienen consecuencias. Al glorificar las compras en Amazon, no solo dan la espalda a la industria local, sino que envían un mensaje devastador: “Lo argentino no vale, no compiten”.

El debate ya no es sobre un traje barato. Es sobre la auténtica voluntad de un Gobierno que, mientras pide sacrificios épicos a los jubilados y asalariados, permite que sus funcionarios más visibles contribuyan con sus actos al cierre de las últimas fábricas que quedan en pie. Es la hipocresía hecha política económica.

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