“Captan giles”: Fuentes y una autocrítica pendiente

La presidenta de la ATURG cuestionó a Uber y DiDi por el impacto sobre los ingresos del sector. Pero las plataformas no aparecieron ayer: el SUPeTax ya advertía sobre su avance hace una década. La pregunta es qué hizo el taxi para adaptarse.


La frase fue contundente y rápidamente puede convertirse en el título de la discusión: “captan giles”. La presidenta de la ATURG, Griselda Fuentes, utilizó esa expresión para cuestionar a las plataformas digitales como Uber y DiDi y a los trabajadores que encuentran allí una alternativa para generar ingresos.

Pero el problema que plantea la dirigente no comenzó ayer.

Las plataformas llevan aproximadamente una década formando parte de la discusión sobre el transporte en Tierra del Fuego. El propio sector taxi advertía sobre su llegada desde mediados de la década pasada y reclamaba controles, regulación y condiciones similares a las exigidas a taxis y remises.

Diez años después, Uber y otras aplicaciones continúan formando parte del mercado, los taxis denuncian una caída en la cantidad de viajes y la discusión vuelve a concentrarse en la competencia.

La pregunta, entonces, ya no debería ser solamente qué hacen las plataformas.

También corresponde preguntar qué hizo el sector taxi durante estos diez años para adaptarse a una transformación que conocía de antemano.

Una advertencia que lleva una década

El SUPeTax Río Grande, Sindicato Unido de Peones de Taxi, ya advertía desde 2015 sobre el avance de Uber.

En declaraciones realizadas en 2023, desde el sindicato se recordaba que se habían impulsado proyectos para impedir que las aplicaciones funcionaran sin ajustarse a las normas que regulaban al transporte tradicional.

El reclamo apuntaba a cuestiones concretas: seguros, controles técnicos, identificación de conductores, antecedentes y otras obligaciones que alcanzaban a taxis y remises.

También se cuestionaba entonces el carácter extranjero de Uber y su situación tributaria.

Es decir, el desembarco de las aplicaciones no fue una sorpresa para el sector.

Había tiempo para discutir cómo responder.

Diez años después, la competencia sigue siendo el problema

Sin embargo, la discusión de fondo continúa.

Fuentes sostiene actualmente que las plataformas perjudican los ingresos del taxi y que la existencia de una gran cantidad de vehículos disponibles genera una competencia que presiona hacia abajo los valores.

En la entrevista también planteó:

“Al haber tanta oferta de autos, ellos le pagan cada vez menos, porque les importa llevarse cierta cantidad de plata, no les importa cuántos somos nosotros”.

La explicación está basada en la lógica de oferta y demanda.

Y es precisamente allí donde aparece una pregunta que el sector tradicional también debería responder.

Si hablamos de oferta y demanda, ¿qué pasó con el servicio?

Porque la oferta no está compuesta solamente por la cantidad de autos disponibles.

También existe la oferta de servicio.

Y el pasajero tiene algo que decir.

Cuando una persona decide utilizar una aplicación en lugar de un taxi, está tomando una decisión de consumo. Puede estar buscando precio, rapidez, facilidad para solicitar el vehículo, información sobre el recorrido, medios de pago o simplemente una experiencia que considera más conveniente.

Por eso, además de reclamar contra las plataformas, sería razonable preguntarle al sector que representa Fuentes:

¿Qué hizo para mejorar su propia oferta?

¿Qué inversiones realizaron los propietarios de taxis para modernizar el servicio?

¿Se mejoraron los tiempos de espera?

¿Se incorporaron nuevas tecnologías?

¿Se facilitaron los medios de pago?

¿Se trabajó sobre la atención al pasajero?

¿Se generaron mecanismos para conocer las necesidades de los usuarios?

¿Se implementaron estrategias para recuperar a quienes comenzaron a utilizar aplicaciones?

¿Hubo una discusión interna sobre cómo competir en un mercado que estaba cambiando?

No se trata de afirmar que el sector “no hizo nada”, porque para sostenerlo habría que documentar cada iniciativa realizada.

La pregunta es otra y resulta perfectamente válida:

¿Qué hizo el sector durante estos diez años para adaptarse?

El pasajero no es un detalle

En esta discusión suele aparecer un enfrentamiento entre dos actores: taxistas y plataformas.

Pero existe un tercero que resulta fundamental:

el usuario.

Es quien elige.

Es quien paga.

Y es quien puede cambiar de servicio.

Si las aplicaciones lograron captar pasajeros, no alcanza con explicar ese fenómeno únicamente por sus precios o promociones.

También hay que analizar qué encontraron esos usuarios en las aplicaciones que no encontraron en el servicio tradicional.

Esa discusión puede resultar incómoda para el sector taxi, pero es indispensable si realmente pretende recuperar mercado.

La frase “captan giles” abre otro problema

La expresión utilizada por Fuentes merece una consideración especial.

Cuestionar el modelo de negocios de Uber o DiDi es legítimo.

Cuestionar las condiciones económicas que ofrecen a los conductores también.

Reclamar regulación y controles puede formar parte de una discusión democrática.

Pero llamar “giles” a quienes ingresan a trabajar mediante esas plataformas coloca el foco sobre personas que, en muchos casos, no diseñaron el sistema.

Son trabajadores.

Y en la Argentina actual, esa diferencia importa.

Puede tratarse de alguien que perdió su empleo, de una persona que busca un ingreso complementario o de un trabajador cuyo salario ya no alcanza para cubrir sus gastos.

El problema de fondo es más grande que Uber

La aparición de las plataformas coincide con una transformación mucho más profunda del mercado laboral.

Cuando una persona termina su jornada y se sube a un auto para manejar unas horas, la discusión no puede limitarse a si está compitiendo contra el taxi.

También hay que preguntarse por qué necesita hacerlo.

Y esa pregunta conecta directamente con la propia declaración de Fuentes, quien durante la entrevista describió las dificultades económicas que atraviesa el sector.

El mismo contexto que golpea al taxi puede estar empujando a otros trabajadores hacia las aplicaciones.

Por eso, dos trabajadores pueden terminar compitiendo por el mismo pasajero mientras ambos intentan resolver el mismo problema: conseguir mayores ingresos.

Una década de reclamos y una deuda pendiente

El antecedente del SUPeTax demuestra que el problema era conocido.

Desde 2015 el sector advertía sobre las plataformas.

En 2023 el reclamo continuaba.

En 2026, la discusión sigue vigente.

Eso obliga a mirar también hacia las responsabilidades del Estado y de las propias organizaciones del sector.

Si existían reclamos, ordenanzas y pedidos de controles, ¿por qué diez años después no existe todavía una solución integral?

Y hay otra pregunta, quizás más incómoda:

¿Por qué la estrategia del taxi parece concentrarse nuevamente en señalar al competidor y no en explicar cómo mejorar el servicio que recibe el pasajero?

Regular no significa quedarse quieto

Que Uber y DiDi deban cumplir determinadas reglas es una discusión válida.

Que el Estado deba controlar también.

Que los taxistas reclamen igualdad de condiciones, seguridad y derechos laborales, también.

Pero regular la competencia no puede convertirse en la única estrategia para defender una actividad.

La tecnología ya cambió la forma en que los pasajeros solicitan un vehículo.

El mercado cambió.

Los trabajadores cambiaron.

Y los usuarios también.

El taxi tiene una oportunidad para discutir qué servicio quiere ofrecer en ese nuevo escenario.

El verdadero desafío para el taxi

La discusión planteada por Fuentes puede terminar reducida a una pelea entre taxistas y Uber.

Sería una conclusión demasiado sencilla.

Porque si las aplicaciones llevan una década avanzando, también llevan una década obligando al transporte tradicional a preguntarse cómo competir.

La pregunta no es solamente qué hacen Uber y DiDi.

La pregunta es:

¿Qué hizo el taxi para que el pasajero tuviera menos razones para irse?

Y esa respuesta no la tienen que dar los conductores de aplicaciones.

La tienen que dar quienes representan y administran el servicio tradicional.

Porque defender el taxi también significa mejorarlo.

Y después de diez años de advertencias, reclamos y conflictos, quizás haya llegado el momento de que la discusión deje de ser solamente sobre quién le quita pasajeros a quién y empiece a ser sobre qué servicio quiere recibir el usuario fueguino.

Fuente: Radio Fueguina-Redacción Paralelo/54

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