El Gobierno habilitó a los bancos a prestar hasta el 15% de sus depósitos en dólares a empresas que no generan divisas. La medida busca ampliar el financiamiento, pero economistas alertan sobre qué puede ocurrir si aumenta la volatilidad del tipo de cambio.
El Gobierno nacional habilitó a los bancos a otorgar créditos en dólares a empresas que no generan ingresos en esa moneda, con un límite de hasta el 15% de los depósitos en dólares de cada entidad. La medida busca ampliar el financiamiento para sectores productivos, pero también abre un frente de preocupación: qué puede ocurrir si las empresas se endeudan en dólares mientras sus ingresos continúan siendo principalmente en pesos.
La modificación apunta a utilizar una mayor proporción de los dólares depositados en el sistema financiero para financiar actividad económica. Hasta ahora, el acceso a préstamos en moneda extranjera estaba mucho más vinculado a compañías con capacidad de generar divisas.
El cambio puede ampliar la oferta de crédito y, en determinadas condiciones, sumar dólares al mercado cambiario. Sin embargo, el efecto no es automático y dependerá tanto de la demanda de préstamos como de la evolución del tipo de cambio.
El atractivo: más financiamiento para las empresas
La principal apuesta detrás de la nueva regulación es ampliar las alternativas de crédito para compañías que necesitan financiamiento para invertir, producir o expandirse.
El límite establecido permite que los bancos destinen hasta el 15% de sus depósitos en moneda extranjera a préstamos para empresas que no necesariamente son exportadoras.
La medida aparece en un escenario en el que los depósitos privados en dólares se encuentran en niveles elevados. La intención oficial es que una parte de esos fondos deje de permanecer inmovilizada y pueda convertirse en financiamiento para la economía real.
En términos simples: dólares que están depositados en los bancos podrían transformarse en préstamos para empresas.
Pero allí aparece la segunda parte de la historia.
El riesgo: empresas que cobran en pesos y deben dólares
El principal punto de atención señalado por especialistas financieros es el denominado riesgo cambiario.
El mecanismo es sencillo de entender.
Una empresa puede tomar un préstamo de US$1 millón, utilizarlo para comprar maquinaria o financiar una inversión y continuar generando sus ingresos en pesos. Mientras el dólar permanezca relativamente estable, la operación puede resultar conveniente.
El problema aparece si el peso pierde valor frente al dólar.
Si la empresa debe devolver US$1 millón, seguirá debiendo exactamente esa cantidad de dólares. Pero necesitará muchos más pesos para conseguirlos.
Por eso, una compañía que no genera dólares queda más expuesta a una eventual devaluación.
La cuestión adquiere todavía mayor importancia cuando se compara el costo de un préstamo en dólares con uno en pesos. Para determinar qué alternativa resulta realmente más barata, una empresa debe considerar no solamente la tasa de interés, sino también cuánto podría aumentar el dólar durante el período del préstamo. Ese cálculo puede modificar por completo el costo final del financiamiento.
¿Puede convertirse en un problema para el mercado cambiario?
Sí, aunque no necesariamente.
En un escenario de estabilidad cambiaria, el nuevo crédito puede generar un efecto favorable: las empresas toman financiamiento en dólares, los fondos se liquidan y aumenta temporalmente la oferta de divisas en el mercado.
Pero el comportamiento puede cambiar si aumenta la incertidumbre.
Ante una mayor volatilidad del dólar, una empresa endeudada en moneda extranjera podría buscar dólares para cancelar sus obligaciones. Eso significa que una medida que inicialmente incrementa la oferta de divisas podría, bajo determinadas condiciones, terminar generando más demanda de dólares.
Ese es uno de los principales riesgos que los especialistas consideran necesario monitorear.
El impacto no sería igual para todas las empresas
La nueva herramienta no representa el mismo riesgo para una empresa exportadora que para una compañía cuyos ingresos están completamente pesificados.
Una firma que vende al exterior y cobra dólares tiene una cobertura natural frente a la deuda. Si debe US$1 millón y también recibe dólares por sus ventas, puede utilizar parte de esos ingresos para cancelar el préstamo.
La situación es diferente para una empresa que vende exclusivamente en el mercado interno.
En ese caso, la deuda queda atada al comportamiento del dólar mientras los ingresos permanecen en pesos.
Por eso, el punto central no será solamente cuántos créditos en dólares se otorguen, sino quiénes los toman, para qué los utilizan y qué capacidad tienen para generar las divisas necesarias para devolverlos.
La medida también puede tener un efecto sobre la oferta de dólares
La flexibilización tiene otra consecuencia potencial.
Si las empresas toman los préstamos y los dólares deben ser vendidos en el mercado cambiario, puede producirse una mayor oferta de divisas en el corto plazo. Eso podría ayudar a contener las presiones sobre el tipo de cambio si la demanda permanece estable.
Pero esa dinámica tiene un límite.
Si posteriormente aumenta la necesidad de las empresas de comprar dólares para cancelar sus deudas, la dirección del flujo puede invertirse.
Por eso, el impacto de la medida dependerá de cómo evolucionen simultáneamente el crédito, las tasas, las expectativas de devaluación y la demanda de dólares.
Un riesgo que no significa necesariamente una crisis
La advertencia sobre el riesgo cambiario no implica que la medida vaya a provocar automáticamente una crisis financiera.
El esquema establece límites para la exposición de los bancos y modifica las condiciones bajo las cuales pueden otorgar estos préstamos. Además, la decisión de tomar deuda en dólares seguirá dependiendo de cada empresa y de la evaluación que realicen las entidades financieras.
El problema aparece si el nuevo crédito se utiliza sin tener en cuenta la moneda en la que se generan los ingresos.
Una empresa puede conseguir una tasa aparentemente más conveniente en dólares, pero terminar pagando mucho más si durante la vida del préstamo el tipo de cambio aumenta significativamente.
La verdadera prueba comienza ahora
La nueva normativa abre una puerta para ampliar el financiamiento privado y aprovechar los dólares depositados en el sistema bancario. Pero también obliga a mirar qué hay detrás del crecimiento del crédito.
El desafío será evitar que una herramienta pensada para financiar producción e inversión termine generando un aumento excesivo de la exposición de empresas con ingresos en pesos.
Los próximos meses serán determinantes para observar tres variables: cuánto crédito en dólares efectivamente otorgan los bancos, qué empresas acceden y cómo evoluciona el tipo de cambio.
En definitiva, el Gobierno busca convertir dólares depositados en bancos en crédito para la economía. La oportunidad está en financiar inversiones; el riesgo aparece cuando la deuda está en dólares, pero los ingresos están en pesos.
Y esa diferencia de monedas será, probablemente, uno de los puntos económicos que más habrá que seguir en los próximos meses.