Mientras el gobierno eliminó retenciones para favorecer exportaciones, el consumo interno de carne bovina cayó a niveles históricamente bajos, desplazando al alimento tradicional de la mesa argentina.
La carne se transformó en un “bien de lujo”: aumentó un 71% en 2025, más del doble que la inflación
Un dato oficial del INDEC expone con crudeza el cambio radical en el patrón de consumo de los argentinos: en 2025, la carne aumentó un 71% interanual, más del doble de la inflación general del período, que cerró en 31,8%. Este incremento descomunal, que ubica al alimento histórico de la mesa local en la categoría de “bien de lujo”, está directamente vinculado a una decisión central de la política económica del gobierno de Javier Milei: la eliminación de las retenciones a las exportaciones de carne.
La medida, aplaudida por los grandes exportadores, tuvo un efecto inmediato en el mercado interno. Al liberar la venta al exterior sin impuestos específicos, se incentivó el envío de la producción al extranjero, reduciendo la oferta local y presionando los precios hacia arriba. El resultado, según cifras de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (CICCRA), es una caída estrepitosa del consumo per cápita, que se ubica entre 42 y 48 kg por año, niveles históricamente bajos que marcan una ruptura con la tradición alimentaria argentina.
Paradoja económica: el país productor que no puede consumir
La situación genera una paradoja económica y social evidente. Argentina es uno de los mayores productores y exportadores de carne bovina del mundo, pero su población está siendo expulsada del consumo masivo de este producto. La política oficial priorizó claramente el ingreso de dólares por exportaciones (para cumplir con metas fiscales y de reservas del Banco Central) por sobre el acceso a un alimento básico de la canasta familiar.
Analistas económicos señalan que este fenómeno es un caso de manual de las consecuencias de una “devaluación fiscal” y una apertura comercial sin compensaciones internas: los productores y exportadores ganan en dólares, pero el poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones, medido en capacidad de compra de proteína animal, se desploma.
Un cambio estructural en la dieta nacional
El impacto trasciende lo económico y se instala en lo cultural. La carne, durante décadas el centro del plato argentino y un indicador social de bienestar, está dejando de ser un consumo cotidiano para vastos sectores de la población. La “leve recuperación” del consumo en 2025 respecto a 2024, mencionada por la CICCRA, es marginal y no revierte la tendencia estructural de caída.
Este desplazamiento forzado hacia dietas más baratas y menos nutritivas tiene implicancias a largo plazo en la salud pública y en la estructura misma de la demanda interna. El gobierno celebra la “libertad” de exportar, pero el costo lo están pagando los argentinos en la góndola, con un alimento básico que se aleja cada vez más de sus posibilidades económicas.