El artista usó su histórico show de medio tiempo, íntegramente en español, para denunciar la gentrificación, los apagones y redefinir el concepto de “América” ante 100 millones de espectadores.
El manifiesto político de Bad Bunny en el altar del espectáculo estadounidense
En uno de los escenarios de mayor alcance global y más cargados de simbolismo patriótico estadounidense, Bad Bunny ofreció mucho más que un concierto. Su presentación en el medio tiempo del Super Bowl LX se convirtió en un acto de afirmación cultural y un manifiesto político sutil pero potente, dirigido a más de 100 millones de espectadores.
Frente a la expectativa de un espectáculo apolítico, el artista puertorriqueño, cuyo nombre de pila es Benito Antonio Martínez Ocasio, entregó 13 minutos de pura reivindicación latina. Lo hizo hablando exclusivamente en español y construyendo una narrativa visual que recorrió desde las plantaciones de caña de azúcar hasta una típica “casita” boricua, pasando por un alegórico poste de luz.
Los Seis Pilares del Mensaje: De lo Personal a lo Continental
El show estuvo estructurado en seis mensajes clave que trascendieron la música:
- Autoafirmación e historia personal: “Si hoy estoy aquí… es porque nunca dejé de creer en mí”, declaró, entregando simbólicamente uno de sus Grammys a un niño que lo representaba, en un guiño a sus orígenes humildes en Vega Baja, Puerto Rico.
- Valorización de lo cotidiano: Contra la típica pirotecnia tecnológica del Super Bowl, optó por escenificar la vida diaria puertorriqueña: partidas de dominó, salones de uñas, compraventas de oro y la icónica casita rosada, colocando la cultura popular en el centro del espectáculo.
- Denuncia social y política: Junto a Ricky Martin, interpretó fragmentos de “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”, canción que critica abiertamente la gentrificación que desplaza a los locales en Puerto Rico. Subido a un poste de luz, cantó “El apagón”, una referencia directa a la crónica crisis eléctrica de la isla, agravada desde el huracán María.
- Redefinición de “América”: En un momento culminante, pronunció “God bless America” para inmediatamente aclarar, en español, que se refería a todo el continente, enumerando países de sur a norte. La bola de fútbol con la leyenda “Juntos, somos América” y su frase “Seguimos aquí” resonaron como un mensaje de presencia y resistencia migrante.
- El español como acto político: En un contexto donde el expresidente Donald Trump firmó una orden para oficializar el inglés en 2025, Bad Bunny no pronunció una sola palabra en ese idioma. Su negativa a cambiar de lengua fue, en sí misma, una declaración de principios que generó reacciones contrarias de figuras conservadoras.
- Un llamado final al amor y la fiesta: Pese a la contundencia de sus mensajes, cerró proyectando “Lo único más poderoso que el odio es el amor” y definiendo su show como “la fiesta más grande del mundo entero”, celebrando la alegría y la resistencia cultural.
Contexto y Repercusiones: Un Golpe en la Cancha de la Cultura
La presentación ocurre en un momento de intenso debate sobre el estatus político de Puerto Rico —territorio no incorporado de EE.UU. cuyos habitantes no votan por el presidente— y de creciente tensión alrededor de la política migratoria y lingüística en la nación norteamericana.
Expertos en cultura ven en esta presentación un punto de inflexión: “Bad Bunny logró lo impensable: usar los 13 minutos más comercialmente valiosos de la televisión estadounidense para dar una clase de historia, política e identidad latinoamericana, sin pedir permiso”, analiza una académica consultada. La reacción en redes no se hizo esperar, con el hashtag #BadBunnySuperBowl tendiendo a nivel mundial y dividiendo opiniones entre quienes celebraron su orgullo y quienes lo criticaron por “politizar” el evento.
Con este acto, Bad Bunny no solo consolidó su estatus como el artista global más importante del momento, sino que elevó la conversación sobre la diáspora latina y la identidad puertorriqueña a un auditorio masivo e indiscutible, marcando un antes y un después en la representación cultural en los grandes espectáculos de EE.UU.