Una medición privada (LCG) detectó una fuerte aceleración en bebidas y panificados, en plena polémica por el bloqueo del nuevo IPC del INDEC. La inflación semanal retoma niveles post-devaluación.
La inflación de alimentos retoma su pulso acelerado y presiona el bolsillo en medio de la opacidad oficial
La primera semana de febrero trajo un dato alarmante para la economía de los hogares: los precios de los alimentos y bebidas registraron un incremento del 2,5%, según el relevamiento semanal de la consultora LCG. Este aumento representa la suba semanal más alta desde la segunda semana de marzo de 2024, cuando la economía aún sufría el impacto pleno de la maxidevaluación inicial del gobierno de Javier Milei. El dato sugiere un preocupante repunte de la inflación en el rubro más sensible del consumo popular.
El informe detalla que los mayores impulsos provinieron de bebidas e infusiones para el hogar, con un brusco salto del 7,3%, seguido por panificados, cereales y pastas, que escalaron un 6%. En contraste, ítems como aceites y frutas mostraron leves bajas del 0,1% y 0,9%, respectivamente, lo que no logra compensar la fuerte presión general.
El contexto de opacidad: el INDEC y la polémica de la canasta
Este rebrote inflacionario se da en un marco de creciente controversia metodológica. El Gobierno ha decidido bloquear la publicación del nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC, que actualizaría la ponderación de los rubros según los hábitos de gasto actuales. Mientras tanto, se mantiene vigente una medición con una canasta antigua que, precisamente, sobrerrepresenta el peso de los alimentos y bebidas en el cálculo general.
Esta situación crea un doble problema: por un lado, enmascara la verdadera dinámica inflacionaria al usar una canasta desactualizada. Por el otro, significa que cualquier aceleración en alimentos, como la actual, tiene un impacto amplificado en el índice oficial que aún se utiliza para ajustes de salarios y contratos.
Pronóstico sombrío: ¿el preludio de un mal mes?
Analistas advierten que si esta dinámica semanal se sostiene, podría traducirse en una aceleración significativa del IPC mensual de febrero. A este escenario se le sumará, además, el impacto completo de los ajustes tarifarios por la quita de subsidios en servicios públicos, cuya incidencia tampoco se verá reflejada con precisión en el índice oficial obsoleto.
El rebrote en alimentos actúa como un termómetro de las presiones de costos aún no resueltas y de las expectativas de los agentes económicos. La suba en bebidas y panificados, productos de consumo masivo y diario, señala un deterioro inmediato del poder adquisitivo y plantea un desafío crítico para la meta de desinflación anual que promete el equipo económico.
Fuente: Consultora LCG