Decreto formaliza la ejecución del Presupuesto 2026. Refuerza el poder de Jefatura de Gabinete y Economía para redistribuir fondos y controlar cada designación estatal, con restricciones estrictas a vacantes, obras y empresas públicas.
El Presupuesto Apretado: Cómo el Decreto de Milei Centraliza Todo el Poder del Gasto Público en Manos del Núcleo Duro
BUENOS AIRES. Con la publicación este martes del Decreto 1/2026 en el Boletín Oficial, el Gobierno de Javier Milei no solo formalizó las partidas del Presupuesto Nacional 2026, sino que cementó una arquitectura de control financiero y administrativo de una centralización inédita. La normativa, presentada como una herramienta de “ordenamiento”, consolida un doble comando sobre cada peso que gasta el Estado: el Ministerio de Economía y la Jefatura de Gabinete, ahora con facultades ampliadas que reducen al mínimo la autonomía de los ministerios y organismos ejecutores.
La reglamentación convierte al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en una suerte de superministro del presupuesto operativo. Podrá redistribuir créditos hasta el nivel más desagregado de las partidas, decidiendo internamente qué programa recibe más o menos fondos, sin necesidad de pasar por el Congreso. Para el oficialismo, es agilidad; para los críticos, es la pulverización de la autonomía ejecutiva y un poder discrecional que podría premiar o castigar áreas según la sintonía política.
El Estado Bajo Lupa: Cada Cargo y Cada Contrato Controlado
Pero el control no se limita al dinero. La ofensiva sobre el empleo público se sistematiza con candados estrictos:
- Para cubrir cualquier vacante, los organismos deben “acreditar la disponibilidad real del cargo y el financiamiento”, una traba burocrática que en la práctica puede congelar sustituciones.
- Cualquier movimiento en puestos ejecutivos requerirá la intervención previa de la Secretaría de Transformación del Estado y la Secretaría de Hacienda, terminando con la firma del Presidente Milei. Esto politiza y centraliza cada designación de jefatura.
- Se establece un monitoreo trimestral de toda la dotación de personal y contrataciones, informado directamente a Hacienda.
El Cerco a las Empresas Públicas y las Obras
El decreto también aprieta las tuercas sobre otros dos frentes sensibles:
- Empresas Públicas No Financieras: Su financiamiento queda concentrado en el Tesoro Nacional y sujeto a requisitos legales y administrativos previos, un mecanismo que les quita autonomía financiera y las somete a la voluntad del Ministerio de Economía.
- Inversión Pública: Para cualquier obra o compra de bienes de uso, se exige un dictamen favorable de la Dirección Nacional de Inversión Pública (DNIP). Además, se advierte que el incumplimiento en el envío de información de seguimiento puede derivar en la suspensión de pagos, un arma poderosa para forzar la disciplina.
Análisis Crítico: Eficiencia vs. Hiperpresidencialismo Económico
El Gobierno enmarca estas reglas en su cruzada por la eficiencia y el ajuste del gasto. Sin duda, establece una traza digital de cada peso y cada cargo como nunca antes. Sin embargo, la contracara es la construcción de un hiperpresidencialismo en la gestión económica, donde Luis Caputo en Economía y Manuel Adorni en Jefatura tienen la última palabra sobre los detalles más ínfimos de la administración estatal.
Este modelo sacrifica la agilidad operativa de los organismos técnicos en el altar del control centralizado y responde a una desconfianza filosófica del Gobierno hacia la propia estructura estatal. El riesgo, advierten observadores, es la parálisis por subordinación y la creación de cuellos de botella en una cadena de decisiones ahora extremadamente piramidal. El Presupuesto 2026, en los hechos, es mucho más que números: es el manual de un Estado diseñado para funcionar bajo vigilancia estrecha desde un único centro de poder.