Adorni se negó a responder sobre su patrimonio y blindó su renuncia con todo el gabinete a cuestas

El jefe de Gabinete evitó todas las preguntas concretas sobre sus propiedades, viajes en jet privado y contradicciones en su declaración jurada. Se amparó en una “investigación judicial” y montó una puesta en escena con Santiago Caputo y sus ministros en primera fila.


Buenos Aires. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, volvió este miércoles a la sala de prensa de la Casa Rosada no para rendir cuentas, sino para no rendirlas. Rodeado por el asesor presidencial Santiago Caputo, los ministros Luis Caputo y Federico Sturzenegger, y el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, el funcionario respondió con evasivas, se negó sistemáticamente a brindar detalles sobre su patrimonio y se amparó en una excusa procesal para no contestar las preguntas que los periodistas le formularon.

La conferencia fue una puesta en escena de blindaje político. Adorni llegó escoltado por el hombre más poderoso del gobierno detrás de Javier Milei y se sentó frente a los micrófonos con una primera fila ocupada por casi todo su gabinete. La imagen fue clara: aquí no hay grietas, no hay dudas, no hay preguntas incómodas que merezcan respuesta.

“Mi patrimonio lo construí antes de entrar al Gobierno. No tengo nada que esconder”, afirmó al inicio. Pero cuando los periodistas intentaron saber cuántas propiedades posee, dónde están ubicadas, cuándo las adquirió o por qué su esposa viajó en la comitiva oficial a Nueva York, Adorni levantó un muro.

“No puedo responder sobre aspectos específicos porque puedo entorpecer las causas judiciales”, se excusó. Una coartada perfecta: promete transparencia pero la niega en el acto, esconde la falta de respuestas detrás de una investigación que él mismo podría despejar si quisiera. La pregunta que quedó flotando en la sala fue obvia: si no tiene nada que esconder, ¿por qué se niega a contar lo que tiene?

La contradicción se profundizó minutos después cuando el funcionario sostuvo que “todo lo que tiene que estar declarado, está declarado”, para luego admitir: “Lo que no está declarado es porque la declaración jurada no está vencida y no se tuvo que declarar”. Traducción: hay bienes que aún no informó. La excusa burocrática no oculta el hecho central: un funcionario que llegó al gobierno prometiendo transparencia radical hoy se escuda en plazos administrativos para no mostrar su patrimonio.

Los viajes que no quiso explicar

Sobre su traslado a Punta del Este en un avión privado —imágenes que recorrieron todos los noticieros—, Adorni justificó: “Fueron vacaciones con mis hijos menores de edad”. No dijo quién puso el jet. No dijo por qué un funcionario que pregona austeridad viaja en un medio que cuesta decenas de miles de dólares. En lugar de explicaciones, eligió el ataque: “Todos ustedes tuvieron el tupé de poner el video en la televisión”. La prensa, según Adorni, es el problema. No sus contradicciones.

También desmintió los rumores sobre una mansión en Martínez, aunque no aclaró si posee otras propiedades fuera de su domicilio declarado en Caballito. “Me inventaron una mansión de un millón de dólares”, dijo. Pero nunca dijo cuántas casas tiene realmente.

El manual del desvío

Lejos de ofrecer transparencia, Adorni recurrió al manual clásico de la política que él mismo decía repudiar cuando militaba en la oposición: atacar al pasado para no hablar del presente.

“No me voy a sentar a que nos den clases de ética los que viven del Estado desde que nacieron, los que se robaron un PBI”, lanzó. “Parece que nos olvidamos que vivimos en un país en el que un secretario de Obras Públicas revoleaba bolsos con plata y armas”, agregó.

El problema de esa defensa es que no defiende nada. Si la vara ética del gobierno de Milei es no ser tan corrupto como el kirchnerismo, entonces la vara está en el piso. Y si el argumento para no responder sobre el patrimonio propio es que antes hubo funcionarios que robaban, lo que se está admitiendo es que el estándar del oficialismo es apenas un poco menos peor que lo que denunciaban.

“Cuando el presidente considere”

Sobre su continuidad, Adorni descartó una renuncia inmediata pero dejó la puerta abierta: “Las renuncias siempre están a disposición desde que cada uno de nosotros fuimos nombrados. Cuando el presidente considere que tenemos que dar un paso al costado, lo damos”.

La frase sonó a advertencia más que a disposición. Y tuvo eco en las últimas horas: por primera vez, una voz de peso dentro del espacio libertario, el biógrafo de Milei Nicolás Márquez, pidió públicamente su salida al afirmar que su permanencia “no le está haciendo bien al Gobierno”.

El blindaje en imágenes

La conferencia fue pensada como un acto de poder. Adorni ingresó junto a Santiago Caputo, el asesor que funciona como sombra del presidente. En primera fila se ubicaron Luis Caputo, Sturzenegger, la secretaria de Planeamiento María Ibarzábal, Alejandra Monteoliva y Pablo Quirno. Más tarde se sumó Martín Menem. En el fondo, su jefa de gabinete Aime Ayelén “Meme” Vázquez y colaboradores cercanos completaron una postal que buscó disipar cualquier especulación sobre un debilitamiento.

Pero la puesta en escena tuvo un mensaje contradictorio: si el funcionario tiene el respaldo pleno del gobierno, ¿por qué necesitó rodearse de todo el gabinete para una conferencia de prensa? ¿Por qué se sorteó entre solo 21 periodistas y se permitieron apenas cinco preguntas?

Lo que Adorni se negó a responder

  • Cuántas propiedades tiene junto a su esposa.
  • En qué lugares están ubicadas.
  • Cuándo las adquirió.
  • Quién financió su viaje en jet privado a Punta del Este.
  • Por qué su esposa integró la comitiva oficial a Nueva York.
  • Por qué hay bienes que “no se tuvieron que declarar” porque la declaración jurada “no está vencida”.

Adorni prometió presentarse en el Congreso el 29 de abril para brindar su informe de gestión. Allí no podrá sortear periodistas ni limitar las preguntas. Si repite la misma estrategia de blindaje y evasión, el escándalo no quedará atrás. Quedará expuesto.

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