Analistas y sectores políticos cuestionaron duramente el Acuerdo de Comercio e Inversión firmado con Estados Unidos por su opacidad, posibles efectos negativos en la producción local y la profundización de un vínculo asimétrico.
BUENOS AIRES. – La firma del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco entre Argentina y Estados Unidos, celebrada este jueves por el canciller Pablo Quirno, desató un aluvión de críticas desde diversos sectores políticos, económicos y académicos, que cuestionaron su opacidad, sus riesgos para la industria nacional y su carácter de instrumento de alineamiento geopolítico unilateral.
El convenio, rubricado sin divulgación pública de su texto completo ni de estudios de impacto sectorial, fue señalado como un “acto de sumisión a la agenda comercial estadounidense”. Analistas de la oposición y economistas heterodoxos coincidieron en que el gobierno priorizó un gesto político de cercanía con Washington por sobre la defensa de intereses económicos nacionales estratégicos.
Falta de transparencia y riesgos para la producción local
La ausencia de detalles concretos sobre los capítulos del acuerdo generó alerta. “Se firma a espaldas de la sociedad y sin consultar a los sectores productivos que sufrirán las consecuencias. Es una carta blanca cuyos términos desconocemos”, afirmó una experta en comercio exterior. Se teme que el pacto pueda facilitar la importación de bienes que compitan de manera desigual con la industria nacional, afectando a PyMEs y empleo en un contexto económico ya crítico.
Alineamiento geopolítico y abandono de la integración regional
Las críticas también apuntaron al giro en la política exterior. “Este acuerdo consolida la ruptura con la visión de una América Latina integrada y soberana. Se cambia el MERCOSUR, con todas sus limitaciones, por una relación bilateral profundamente asimétrica con una potencia”, señaló un analista internacional. Este movimiento, según expertos, debilita la posición negociadora colectiva de la región y subordina la agenda nacional a los intereses y los tiempos políticos de los Estados Unidos.
Un gesto para mercados financieros, no para el desarrollo
Desde el oficialismo se vendió el acuerdo como una señal de “previsibilidad”. Sin embargo, críticos argumentan que su principal beneficiario es el capital financiero y especulativo, no las cadenas productivas. “Es un acuerdo hecho a la medida de los fondos de inversión y las grandes corporaciones, no de la economía real argentina. Se prioriza la renta financiera sobre el empleo industrial”, sostuvo un legislador opositor.
En un escenario de ajuste interno, la firma es interpretada como una búsqueda de legitimidad externa por parte del gobierno, aun a costa de ceder márgenes de soberanía en la definición de políticas comerciales y productivas. La falta de un debate parlamentario y público previo intensificó el rechazo, dejando al acuerdo envuelto en polémica antes incluso de conocerse su implementación práctica.