Murió Chiche Gelblung: el periodista que “siempre caminó por la cornisa”

El comunicador falleció a los 82 años tras una extensa internación. Dejó una huella imborrable en la televisión, la radio y la gráfica argentina con un estilo provocador, frontal y muchas veces controversial.


Samuel “Chiche” Gelblung murió este miércoles 9 de septiembre de 2026 a los 82 años, tras permanecer internado en terapia intensiva desde mayo. Su muerte cierra más de cinco décadas de una trayectoria que lo convirtió en una de las figuras más reconocibles, influyentes y polémicas del periodismo argentino.

Gelblung construyó un estilo propio atravesado por la provocación, el impacto mediático y una impronta frontal que lo llevó a instalar temas, debatir con figuras del poder y exponer casos que pocos se animaban a tocar. Su nombre quedó asociado históricamente a ciclos emblemáticos como Memoria, uno de los programas periodísticos más vistos de los años noventa, y a una presencia constante en radio, televisión y gráfica.

Una carrera que empezó en la gráfica

Antes de ser una cara conocida en la pantalla chica, Gelblung forjó su reputación en el periodismo gráfico. Trabajó en revistas como Gente y La Semana, donde fue cronista, corresponsal de guerra y luego director. Allí cubrió conflictos internacionales como la guerra de Vietnam y la guerra en Biafra, y se caracterizó por una audacia que lo llevó a tomar decisiones arriesgadas para conseguir materiales exclusivos.

Una de las coberturas que lo marcaron fue su trabajo tras una prueba nuclear francesa en el atolón de Mururoa, en el Pacífico. Para ilustrar los supuestos efectos de la explosión en la fauna, compró pescados a granel en un mercado y los fotografió esparcidos sobre una playa. El episodio sintetiza su enfoque: el impacto por encima del rigor, la imagen por encima del contexto.

En los años 70, como director del semanario Gente, Gelblung impuso una mano de hierro en la redacción y decisiones editoriales que generaron tanto admiración como críticas. Se enorgullecía de haber llevado a la portada la muerte de Picasso, una tapa que vendió 430.000 ejemplares contra todos los pronósticos. También reconoció haber encabezado la revista durante la última dictadura militar, cuando titulaba con “campañas antiargentinas” de exiliados políticos.

El salto a la televisión: Memoria y el “estilo Gelblung”

En 1994, Gelblung desembarcó en la televisión con Memoria, un programa que se convirtió en su buque insignia y alcanzó más de 1000 emisiones. El ciclo, que pasó por Canal 9, América TV y otras señales, mezclaba investigación, entrevistas, archivos impactantes y debates sobre cualquier tema que pudiera captar la atención del público.

Con una fórmula abierta a lo sensacional, lo polémico y lo extravagante, Gelblung instaló una narrativa televisiva basada en casos policiales, escándalos políticos y discusiones sociales que a veces rozaron el amarillismo. Fue pionero en usar informes con imágenes efectistas, voces en off sensacionalistas, preguntas inquietantes y una abundancia de gráficos y textos en pantalla para reforzar el impacto.

Algunos de los episodios más recordados incluyen la difusión de imágenes inéditas de la intimidad familiar de Alfredo Yabrán tras el crimen de José Luis Cabezas, material por el que llegó a pagar 40 mil dólares y que finalmente no emitió tras un pedido de la familia. También sus investigaciones sobre corrupción y narcotráfico en los años noventa y sus cruces al aire con dirigentes políticos y figuras del espectáculo.

Polémicas, cruces y la “máquina de la verdad”

Gelblung se convirtió en un habitual de los enfrentamientos mediáticos. Se cruzó con figuras como Moria Casán, con quien acumuló peleas a través de los años y hasta le dedicó un informe titulado “Moria, la movilera: el ocaso de una diva”. También tuvo un cruce memorable con el exfuncionario Guillermo Moreno, a quien le gritó en cámara: “¡Conmigo no vas a guapear, Moreno!”.

Su estilo confrontativo lo llevó a enfrentar también a Mirtha Legrand, que lo acusó de presentarla de manera despectiva y de publicar información falsa sobre su salud. Con la familia Ortega le fue peor: tras un largo pleito que llegó hasta la Corte Suprema, en 2014 fue condenado a pagar una suma millonaria por un informe que representaba a Evangelina Salazar como alcohólica y depresiva.

Entre sus recursos más recordados está el uso del detector de mentiras, presentado como la “máquina de la verdad”, con el que interrogaba a figuras expuestas a situaciones controvertidas. También mantuvo diálogos telefónicos al aire con marginales y confesos delincuentes, algunos en medio de resonantes casos policiales con tomas de rehenes. Uno de ellos terminó de la peor manera: la masacre de Ramallo, en septiembre de 1999, con un saldo de tres muertos, episodio por el que se le reprochó durante mucho tiempo un abordaje imprudente.

Radio, cable y los últimos años

Gelblung también encontró en la radio un espacio de alta exposición, especialmente entre 2004 y 2010, cuando trabajó en emisoras como Mitre y Radio 10. Su voz aparecía en los horarios de mayor audiencia y su paso por la radio quedó marcado por anécdotas infinitas, pero también por episodios de severidad en el trato con productores y columnistas, que varias veces derivaron en maltrato verbal frente al micrófono.

En sus últimos años siguió al frente de programas en Crónica TV y participó de debates políticos en canales de noticias, incluso después de internaciones por neumonía, insuficiencia renal y cuadros cardiovasculares entre 2023 y 2026. En noviembre de 2023 fue hospitalizado de urgencia en el Sanatorio Mater Dei por insuficiencia renal, ocasión en que recibió la visita del entonces presidente Javier Milei, con quien terminó enemistado tras una entrevista.

En abril de 2026 había revelado públicamente que le colocaron dos stents tras una descompensación y semanas después volvió a ser internado por complicaciones circulatorias. Permaneció en terapia intensiva desde el 12 de mayo de 2026 hasta su fallecimiento.

Frases que lo definieron

“Yo siempre caminé en la cornisa”. “Nunca dejes que la verdad te arruine una buena nota”. “A mí me gusta preguntar lo que otros no preguntan”. “No hago periodismo para caer bien”. Estas y otras frases se convirtieron en parte del imaginario colectivo sobre Gelblung, quien desmintió haber pronunciado algunas pero jamás dejó de reconocer su utilidad como guía para su equipo periodístico.

También se le atribuyen ocurrencias como “Se conoce más a la gente por la basura que tira que por lo que dice” o “En esta época en que está de moda usar ropa usada, yo confieso que hace algunos años usé camisas de varios muertos”. Su capacidad para conversar “por igual con Roberto Lavagna y Luciana Salazar”, como él mismo dijo, resume su versatilidad para transitar entre la política, el espectáculo y el morbo.

Un legado que divide

La historia de Gelblung en los medios es enorme. Además de Gente y La Semana, escribió en Ámbito Financiero y fue director de un diario en Córdoba. Estuvo unos años radicado en España durante la década del 80 y cuando regresó armó una editorial para la distribución y venta de libros en fascículos destinados a diarios del interior. Fue pionero en el armado de medios digitales y nunca se resignó a bajar su ritmo de trabajo, pese al infarto que sufrió en 2014 y a los contratiempos económicos de su compañía productora en los últimos tiempos.

Su legado divide. Para algunos, fue un periodista valiente que se animó a preguntar lo que otros no preguntaban y a instalar temas que nadie tocaba. Para otros, fue un exponente del amarillismo, el sensacionalismo y el morbo televisivo. Lo innegable es que anticipó muchas tendencias que luego la televisión adoptó como propias y que su estilo tiene más seguidores y continuadores de lo que el medio está dispuesto a admitir.

Chiche Gelblung deja una huella imborrable en el periodismo argentino. Su muerte marca el final de una época, pero también el inicio de un repaso inevitable sobre el rol del impacto, la ética y los límites en la construcción de la noticia.

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