El ministro les pidió a estudiantes que convenzan a sus padres de sacar los dólares del colchón. Su declaración jurada, sin embargo, muestra que el 95,3% de sus depósitos está en el exterior.
Luis Caputo les pidió a estudiantes universitarios que convenzan a sus padres de sacar los dólares del colchón y llevarlos al sistema formal. El ministro de Economía reconoció que el corralito, la pesificación y las crisis recurrentes explican la desconfianza de muchas familias hacia el sistema financiero argentino. Pero, después de reconocerlo, les pidió que los convenzan igual.
Hay una contradicción difícil de ignorar. Mientras el funcionario que conduce la economía nacional reclama que las familias vuelquen sus ahorros al circuito formal argentino, su propia declaración jurada muestra que el 95,3% de sus depósitos está radicado fuera del país.
No se discute acá el derecho de una persona a administrar legalmente su patrimonio. La discusión es política y ética: ¿con qué autoridad puede el ministro pedirle a las familias que confíen sus dólares al sistema argentino cuando él conserva la enorme mayoría de sus depósitos en el exterior?
El pedido de Caputo a los estudiantes
Durante una exposición ante alumnos de la Universidad Torcuato Di Tella, Caputo se refirió a los dólares que los argentinos guardan fuera del sistema financiero.
El ministro planteó que el país necesita que esos recursos se incorporen a la economía formal y les pidió a los jóvenes que intenten convencer a sus padres de hacer ese cambio.
“No se enojen con sus padres”, les dijo Caputo a los estudiantes, al reconocer que las generaciones que atravesaron el corralito y otras crisis tienen motivos para desconfiar de los bancos. Sin embargo, cerró el planteo con una exhortación directa: “Traten de convencerlos igual”.
La escena resume un problema que no puede resolverse con una recomendación familiar. La desconfianza financiera en la Argentina no es un capricho cultural ni un problema de educación económica. Es el resultado de una experiencia acumulada durante décadas.
Las familias recuerdan las hiperinflaciones, el Plan Bonex, la confiscación de depósitos, el corralito, la pesificación asimétrica, las devaluaciones abruptas, los cambios en las reglas de juego y la pérdida de poder adquisitivo. En muchos hogares, los dólares ahorrados funcionan como un seguro ante una emergencia sanitaria, una pérdida de empleo, un alquiler que sube o una situación imprevista.
El ahorro fuera del sistema puede ser cuestionado desde el punto de vista económico. Pero no puede ser explicado sin considerar el historial de crisis que convirtió a la cautela en una estrategia de supervivencia.
El patrimonio de quien pide confianza
La declaración jurada patrimonial de Luis Caputo al cierre de 2025 informó bienes, depósitos y dinero por $19.509 millones. Según los datos difundidos, el ministro declaró depósitos por $13.030 millones, de los cuales $12.422 millones estaban en el exterior.
La cifra equivale al 95,3% del total de sus depósitos declarados. Del monto colocado fuera de la Argentina, $11.739 millones correspondían a una cuenta corriente en dólares.
El contraste es evidente: Caputo les pide a las familias argentinas que saquen sus ahorros del colchón y confíen en el circuito formal local, pero mantiene casi la totalidad de sus propios depósitos fuera del país.
No se trata de sostener que tener dinero en el exterior sea ilegal. El punto es otro: un ministro de Economía no habla desde un lugar privado. Cuando pide confianza, cuando solicita que los dólares vuelvan al sistema, cuando reclama que las familias conviertan sus ahorros en recursos disponibles para la economía, sus propias decisiones patrimoniales forman parte del mensaje público.
Casi siete de cada diez pesos declarados, afuera
Los datos de la declaración jurada señalan además que aproximadamente el 68% del patrimonio, dinero y activos declarados por Caputo estaba ubicado fuera de la Argentina al cierre de 2025.
El patrimonio total declarado pasó de $11.851 millones al inicio de ese año a $19.509 millones al cierre del ejercicio.
No hay aquí una acusación de delito. La información declarada constituye, precisamente, una manifestación patrimonial formal. Pero la legalidad no elimina la discusión política.
Un funcionario puede depositar legalmente su dinero donde considere conveniente. También puede pedirles a los ciudadanos que ingresen sus dólares al sistema argentino. Lo que no puede evitar es que ambas decisiones sean leídas en conjunto.
La pregunta es simple: si la economía argentina ofrece hoy las condiciones de seguridad, estabilidad y previsibilidad que el ministro describe, ¿por qué la mayor parte de sus propios depósitos permanece fuera del país?
La confianza no se pide
Caputo reconoció ante los estudiantes que el corralito de 2001 dejó una marca profunda en quienes perdieron la posibilidad de disponer de sus ahorros. También se refirió a la pesificación asimétrica y a otras crisis que explican la desconfianza persistente de las familias.
Pero el reconocimiento no resuelve la contradicción. Si el problema es que los argentinos no confían, la respuesta no puede ser trasladarles a sus hijos la responsabilidad de reparar esa relación.
La confianza no se exige desde un auditorio universitario. No se construye con discursos ni con apelaciones a una generación que no tomó las decisiones que llevaron al país a sucesivas crisis.
La confianza se construye con medidas concretas:
- Reglas estables que no cambien con cada crisis.
- Protección efectiva de depósitos y ahorros.
- Transparencia sobre las políticas monetarias, cambiarias y tributarias.
- Previsibilidad para trabajadores, comerciantes, empresas y jubilados.
- Un sistema financiero que no penalice al pequeño ahorrista.
- Funcionarios que respalden con sus propias decisiones el modelo que promueven.
El desafío del Estado no es convencer a la sociedad de que olvide. Es demostrar, con hechos sostenidos en el tiempo, que esta vez las reglas no cambiarán cuando los ahorros ya estén dentro del sistema.
La memoria económica de las familias
Las familias argentinas no necesitan una lección sobre la importancia del crédito, la inversión o la bancarización. Conocen, probablemente mejor que cualquier funcionario, el valor de un ahorro acumulado en períodos de inflación, incertidumbre y pérdida de ingresos.
En Tierra del Fuego, donde el costo de vida, las distancias y las dificultades de acceso a servicios pueden profundizar la vulnerabilidad de los hogares, guardar un fondo de respaldo no es necesariamente especulación. Es, muchas veces, una forma de protección familiar.
Un dólar guardado puede ser la diferencia entre pagar un tratamiento médico, sostener un alquiler, afrontar una reparación urgente o atravesar un período sin empleo. Esa realidad no se resuelve con una invitación a “sacar los dólares del colchón”.
Antes de pedirle a las familias que pongan sus ahorros en circulación, el Gobierno debería responder preguntas básicas: ¿qué garantías habrá para los depósitos? ¿Qué pasará ante una nueva crisis? ¿Qué protección tendrá el pequeño ahorrista? ¿Cómo se evitarán cambios bruscos de reglas? ¿Qué instrumentos sostendrán esa confianza más allá de una gestión de gobierno?
El ejemplo también importa
Cuando el ministro de Economía reclama confianza, su conducta patrimonial no es un detalle. Es parte de la credibilidad del mensaje.
Caputo puede sostener que sus depósitos en el exterior son legales. Y lo son, de acuerdo con la información declarada. Pero el debate no es jurídico: es de coherencia.
No se puede pedir a las familias que asuman el riesgo de volver a confiar mientras quien formula ese pedido mantiene el 95,3% de sus depósitos fuera de la Argentina.
La economía necesita dólares, inversión y confianza. Eso es indiscutible. Pero la confianza no puede ser una exigencia dirigida solo hacia abajo, a quienes ahorran lo que pueden y recuerdan lo que perdieron.
Debe empezar por quienes toman las decisiones.
Caputo les pidió a los estudiantes que convenzan a sus padres. Tal vez antes debería convencer con su propio ejemplo.
Editorial | Redacción de Paralelo/54