La mora de los hogares volvió a crecer en el segundo trimestre, mientras Galicia y Macro reportaron mejores resultados. Un análisis de CEPA vincula el deterioro de pago con la pérdida de ingresos y cuestiona el encarecimiento del crédito digital.
La morosidad de las familias argentinas aumentó del 11,6% al 12,8% durante el segundo trimestre de 2026, según el análisis difundido por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). El dato contrasta con los balances recientes de las principales entidades financieras: Banco Galicia y Banco Macro informaron mejoras en sus resultados, aun en un escenario donde también crecieron sus carteras irregulares.
El cruce entre ambas tendencias expone una desigualdad central del sistema financiero: mientras muchos hogares enfrentan dificultades crecientes para pagar préstamos, tarjetas y créditos de consumo, los bancos pueden absorber parte del deterioro a través de previsiones, cambios en la política de préstamos y el rendimiento de sus carteras ya otorgadas.
CEPA sostiene que la suba de la mora está estrechamente asociada a la pérdida de poder adquisitivo y al achicamiento del ingreso disponible. El informe cuestiona, además, las explicaciones que reducen el fenómeno a decisiones individuales de consumo o al supuesto ingreso masivo de jóvenes al sistema de crédito.
Familias con más deuda y menos margen
El dato más sensible se observa en los préstamos personales: la morosidad de esa línea llegó a 16,4% en junio, de acuerdo con el análisis de CEPA. La cifra ilustra un problema que ya excede las compras de bienes durables: para muchos hogares, el financiamiento pasó a cubrir gastos corrientes y necesidades básicas.
La hipótesis que plantea el centro de estudios es que el deterioro responde a la combinación de ingresos reales debilitados, mayores gastos fijos y una oferta de crédito más cara para los sectores con empleos inestables o sin acceso a la banca tradicional.
Por qué la mora no impacta igual en bancos y familias
Los bancos no absorben la mora en el mismo momento en que un cliente deja de pagar. Las entidades constituyen previsiones para cubrir posibles incobrables y administran sus carteras de crédito con anticipación. Esa cobertura permite que una parte de las pérdidas actuales ya esté contemplada en los balances.
Además, CEPA indica que las entidades recortaron el otorgamiento de préstamos frente al incremento de la mora. En los créditos personales a tasa fija, explica, la carga financiera real tiende a ser mayor al comienzo del préstamo y se reduce con el tiempo si los ingresos acompañan la inflación. Por eso, la menor originación de nuevos créditos también puede mejorar el perfil relativo de las carteras ya existentes.
Banco Galicia informó una ganancia neta de $258.322 millones durante el segundo trimestre y su cartera irregular consolidada subió de 9,6% a 10,6%. En el banco, la irregularidad pasó de 7,7% a 8,3%.
Las fintech, bajo discusión
El informe de CEPA pone el foco en las billeteras virtuales y, particularmente, en Mercado Pago. La entidad cuestiona el argumento de que la mayor mora debe relativizarse porque los montos individuales adeudados son más bajos.
Según el análisis, las billeteras digitales concentran 19% de las personas morosas, pero sólo 2,9% del monto total en situación irregular. Para CEPA, esa diferencia no implica necesariamente una buena noticia: refleja la presencia de muchos créditos pequeños otorgados a personas con ingresos precarios, historial negativo o dificultades para acceder a préstamos bancarios.
El costo de financiarse fuera de los bancos
CEPA sostiene que las tasas promedio de las billeteras digitales son aproximadamente el doble de las bancarias. Desde esa perspectiva, el crédito fintech puede ampliar el acceso, pero con un costo más elevado justamente para los sectores de mayor vulnerabilidad económica.
La discusión no es sólo sobre tecnología financiera. Es sobre qué tipo de inclusión se construye cuando las personas con menor capacidad de pago reciben préstamos más caros y, por eso mismo, enfrentan mayor riesgo de caer en mora.
El presidente Javier Milei atribuyó el problema a compras de televisores para ver el Mundial, según menciona el informe de CEPA. Esa interpretación es atribuida al mandatario y no explica por sí sola una suba sostenida de la morosidad que, de acuerdo con el centro de estudios, comenzó antes del torneo. El dato de 12,8% se ubica por encima del máximo previo excluyendo la crisis de 2001, que CEPA sitúa en 5,8% durante la crisis global de 2009.
El superávit fiscal y el debate de fondo
El informe también analiza el resultado fiscal de julio. El Gobierno nacional informó un superávit primario de $2,96 billones y un superávit financiero de $244.897 millones, tras el pago de intereses de deuda. El resultado fue impulsado en parte por ingresos del Impuesto a las Ganancias postergados desde junio.
CEPA advierte que una lectura mensual aislada puede ocultar el efecto de esos movimientos de calendario. El informe estima que el diferimiento de Ganancias aportó cerca de $315.000 millones a la recaudación de julio y cuestiona que el resultado fiscal pueda sostenerse sin ajustes sobre prestaciones sociales, subsidios económicos y transferencias a provincias.
El Gobierno, por su parte, presenta el superávit como un pilar de su programa económico y de la relación con el Fondo Monetario Internacional. En los primeros siete meses de 2026, el Ejecutivo acumuló un superávit primario cercano a 0,9% del PBI y uno financiero de alrededor de 0,1% del producto.
La tensión que persiste
El análisis de CEPA considera difícil que el Gobierno alcance la meta fiscal anual acordada con el FMI, especialmente por el impacto del aguinaldo y los pagos de diciembre. Esa es una proyección del centro de estudios, no una confirmación oficial ni un incumplimiento ya verificado.
La cuestión de fondo es si el equilibrio de las cuentas públicas puede convivir con una recuperación del consumo y del ingreso real. El sistema financiero puede mostrar balances más sólidos, pero la persistencia de una mora familiar elevada anticipa un límite: cuando las cuotas dejan de pagarse, el crédito deja de impulsar consumo y se convierte en una señal de fragilidad social.
Qué mirar en los próximos meses
La evolución de la morosidad en préstamos personales, las tasas de tarjetas y billeteras virtuales, y la recuperación —o no— del salario real serán indicadores clave para medir el alcance del problema.
También será relevante observar si los bancos retoman la expansión del crédito o mantienen una política más restrictiva frente a la suba de incobrables. Para las familias, la variable concreta seguirá siendo otra: cuánto cuesta refinanciar una deuda y cuánto del ingreso mensual queda disponible después de pagar créditos, servicios y consumos esenciales.
Fuente: Con información del CEPA – Foto CEPA