La calificadora internacional alertó sobre el posible aumento del riesgo crediticio si se amplía el financiamiento en dólares a empresas que generan sus ingresos en pesos. El punto central es el descalce de monedas ante una eventual suba del tipo de cambio.
La calificadora internacional Moody’s advirtió sobre los riesgos de ampliar el crédito en dólares a empresas argentinas que no generan ingresos en esa moneda, una posibilidad que forma parte de la estrategia oficial para expandir el financiamiento al sector privado.
El principal riesgo señalado es el denominado descalce de monedas: empresas que facturan y cobran en pesos podrían asumir obligaciones en dólares. Mientras el tipo de cambio permanezca estable, la operación puede resultar manejable. Pero una depreciación del peso podría incrementar de manera significativa el costo de la deuda y, con ello, elevar el riesgo de incumplimiento.
La advertencia vuelve a poner en el centro del debate una cuestión que remite a las lecciones de la crisis financiera argentina: qué ocurre cuando una empresa tiene ingresos en pesos pero debe pagar sus créditos en dólares.
Moody’s alerta por el descalce de monedas
La calificadora sostuvo que permitir el acceso al crédito en dólares a empresas que no generan divisas puede aumentar el riesgo de mora del sistema bancario.
“Al permitir acceder al crédito en dólares a empresas que no generan divisas se incrementa el riesgo de que ante una eventual suba del tipo de cambio los tomadores de crédito incumplan sus obligaciones”.
En términos simples, el problema no es solamente cuánto dinero se presta, sino en qué moneda se genera el ingreso con el que ese préstamo será devuelto.
Una compañía que vende exclusivamente en el mercado interno y cobra en pesos puede quedar expuesta si toma una deuda en dólares y el peso pierde valor.
El escenario que preocupa
El mecanismo puede funcionar sin grandes dificultades mientras exista estabilidad cambiaria. Sin embargo, ante un salto del dólar, el monto de la deuda expresado en pesos aumenta automáticamente.
Por ejemplo, una empresa que debe US$1 millón seguirá debiendo US$1 millón, pero necesitará muchos más pesos para comprar esos dólares si el tipo de cambio sube.
Ese es precisamente el riesgo que Moody’s identifica como descalce cambiario.
El Gobierno busca ampliar el crédito en dólares
La discusión se da en el marco de la política impulsada por el equipo económico de Luis Caputo para ampliar el financiamiento en moneda extranjera.
La flexibilización busca que los bancos puedan canalizar una mayor cantidad de dólares hacia el sector privado, especialmente aprovechando el crecimiento de los depósitos en moneda extranjera.
Según datos difundidos en el marco del debate, los depósitos privados en dólares superaron los US$39.000 millones, mientras que los préstamos al sector privado rondaron los US$23.500 millones, lo que deja margen para ampliar la intermediación financiera.
El objetivo oficial es transformar una parte de esos recursos en crédito destinado a empresas y actividad productiva.
Pero Moody’s plantea que la expansión del financiamiento debe ser acompañada por controles suficientes para evitar que el sistema acumule riesgos cambiarios.
No todos los créditos en dólares tienen el mismo riesgo
Un punto importante es distinguir entre las empresas que generan divisas y aquellas que no.
Una compañía exportadora, por ejemplo, puede tener ingresos en dólares y utilizar esos mismos recursos para cancelar un préstamo en moneda extranjera.
El problema cambia cuando una empresa obtiene todos sus ingresos en pesos y debe comprar dólares para pagar su deuda.
Moody’s considera que la ampliación del universo de empresas habilitadas para acceder a este tipo de financiamiento puede impulsar el crédito, pero también incrementar la sensibilidad del sistema financiero ante una eventual corrección cambiaria.
El antecedente de 2001 vuelve al debate
La discusión tiene un antecedente inevitable: la crisis de 2001.
Después de aquella crisis, las regulaciones argentinas buscaron evitar que los bancos prestaran dólares a quienes no contaban con ingresos en esa moneda. La lógica era reducir el riesgo de que una devaluación transformara deudas manejables en obligaciones imposibles de afrontar.
La flexibilización de estas restricciones vuelve a colocar ese principio prudencial bajo discusión.
La advertencia de Moody’s no implica que una nueva crisis financiera sea inevitable. De hecho, la calificadora también reconoce elementos que pueden limitar el riesgo y destaca que el sistema bancario parte de niveles de mora históricamente bajos en algunos segmentos y cuenta con mecanismos de protección.
Más crédito, pero también mayor exposición
El dilema para el Gobierno es claro: más crédito puede impulsar la inversión y la actividad económica, pero una expansión demasiado rápida puede aumentar la vulnerabilidad financiera.
La flexibilización también puede favorecer una mayor participación de los bancos en el mercado de capitales para conseguir dólares destinados a financiar estas operaciones. Moody’s había señalado que la nueva regulación podía cubrir una demanda insatisfecha de empresas de sectores no exportadores o que no generan divisas.
La calificadora, por lo tanto, no cuestiona la expansión del crédito en dólares en sí misma. Su advertencia apunta a quién recibe esos dólares, de dónde obtiene sus ingresos y qué ocurriría si cambia el escenario cambiario.
El riesgo estará en la velocidad y la calidad del crédito
El desafío será encontrar un equilibrio entre ampliar el financiamiento productivo y evitar que el sistema financiero acumule deudas difíciles de pagar ante un cambio brusco del tipo de cambio.
La experiencia argentina muestra que el problema del descalce de monedas puede convertirse rápidamente en un problema de solvencia cuando los ingresos permanecen en pesos y las obligaciones están nominadas en dólares.
Por eso, el seguimiento de la evolución del crédito, la morosidad y la composición de las nuevas operaciones será clave durante los próximos meses.
La pregunta ya no es solamente cuánto crédito en dólares puede generar la economía argentina, sino quién podrá devolverlo si el escenario cambiario cambia.