Milei atribuyó la caída de los nacimientos a la legalización del aborto, pero la tendencia comenzó en 2014. Un informe de la Universidad Austral revela además un cambio profundo en las decisiones sobre maternidad y paternidad.
La caída de la natalidad en Argentina no comenzó con la legalización del aborto y los datos disponibles contradicen la explicación planteada por Javier Milei. La cantidad de nacimientos viene descendiendo desde 2014, seis años antes de la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, mientras que un reciente informe de la Universidad Austral identifica además un cambio profundo en la forma en que los argentinos valoran la maternidad y la paternidad.
El Presidente volvió a vincular ambos fenómenos durante su discurso ante empresarios y cuestionó nuevamente la interrupción voluntaria del embarazo.
“Estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes”, sostuvo Milei al referirse a la caída de la natalidad.
En el mismo discurso afirmó que la legalización del aborto tendría consecuencias sobre el crecimiento económico, la disponibilidad futura de trabajadores y el sistema previsional.
Pero cuando el argumento se contrasta con la evolución de los nacimientos, aparece un problema de cronología: la caída comenzó mucho antes de que el aborto fuera legal en Argentina.
Los nacimientos comenzaron a caer seis años antes de la ley
Los registros oficiales muestran que en 2014 Argentina tuvo 777.012 nacidos vivos.
Para 2020, año en que fue sancionada la Ley 27.610, la cifra había descendido a 533.299.
Es decir, antes de la legalización del aborto ya se había producido una reducción del 31,4% en los nacimientos.
La tendencia tampoco se detuvo posteriormente. En 2024 se registraron 413.135 nacidos vivos, por lo que en una década la cantidad de nacimientos se redujo aproximadamente un 47%.
La secuencia es contundente: la caída no comenzó en 2020 ni después de la legalización del aborto. Comenzó en 2014.
Por eso, los datos no permiten establecer que la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo sea la causa de la reducción de la natalidad argentina.
El informe que aporta una explicación más amplia
El dato más interesante aparece cuando se incorpora al análisis el estudio sobre Natalidad y Familia en Argentina 2026, elaborado por investigadores de la Universidad Austral.
La investigación, basada en una muestra nacional de 1.028 adultos, muestra que la transformación demográfica argentina no puede reducirse exclusivamente a una cuestión económica ni, mucho menos, a una sola decisión legislativa.
El estudio detecta un cambio cultural significativo en la relación de los argentinos con la maternidad y la paternidad.
En 2015, el 77% de los argentinos consideraba muy importante tener y criar hijos.
En 2025, esa proporción había descendido al 46%.
Es decir, en apenas una década cayó 31 puntos porcentuales la proporción de personas que considera que tener hijos es un componente muy importante de una vida plena.
Entre los jóvenes el cambio es todavía mayor
El fenómeno se vuelve más evidente entre las nuevas generaciones.
Según la investigación, apenas el 34% de las personas de entre 18 y 34 años considera muy importante tener hijos para alcanzar una vida plena.
El dato ayuda a entender que la transición demográfica no se explica solamente por cuánto cuesta criar un hijo.
También está cambiando el lugar que ocupa la maternidad y la paternidad dentro de los proyectos personales.
La familia continúa siendo una institución valorada, pero tener hijos dejó de aparecer como una expectativa prácticamente automática y se convirtió cada vez más en una decisión individual.
“No forma parte de mi proyecto de vida”
El informe incorpora otro dato especialmente relevante.
Entre las personas que no tienen hijos y tampoco desean tenerlos, el 57,3% afirma que tener hijos simplemente no forma parte de su proyecto de vida.
La respuesta supera otros motivos:
- 38,2%: no tener una pareja estable.
- 32,6%: preferir viajar o vivir otras experiencias.
- 30,3%: priorizar el desarrollo profesional o los estudios.
- 22,5%: influencia del contexto ambiental, social, político o económico.
El resultado obliga a ampliar la discusión.
Si una mayoría de quienes no desean tener hijos señala que la maternidad o la paternidad no forma parte de su proyecto de vida, entonces el fenómeno no puede explicarse únicamente por una dificultad económica coyuntural.
Hay una transformación en las preferencias, las prioridades y las expectativas personales.
¿Entonces la economía no importa?
Sí importa.
La situación económica, el acceso a la vivienda, los salarios, la estabilidad laboral, el costo de crianza y las dificultades para compatibilizar trabajo y familia forman parte de las condiciones que pueden influir en las decisiones reproductivas.
Pero los datos disponibles muestran que no existe una única causa capaz de explicar por sí sola la caída de los nacimientos.
La transición demográfica combina factores económicos, sociales, culturales, educativos y vinculados a las decisiones reproductivas.
Y allí aparece una diferencia fundamental con el planteo presidencial.
Una cosa es el aborto y otra la natalidad
La cantidad de abortos y la cantidad de nacimientos son indicadores diferentes.
Que una persona pueda acceder legalmente a una interrupción voluntaria del embarazo no significa que esa sea la explicación de que una sociedad tenga menos hijos.
Para establecer una relación causal habría que demostrar que la legalización provocó el descenso de los nacimientos.
Pero la cronología disponible muestra exactamente lo contrario: la natalidad ya estaba cayendo desde 2014 y la ley fue sancionada en 2020.
El informe de la Universidad Austral aporta además otra dimensión: durante ese mismo proceso se produjo un cambio significativo en las preferencias y proyectos de vida de los argentinos.
El desafío previsional y laboral sí es real
La afirmación de Milei contiene, sin embargo, una preocupación que merece ser discutida más allá de su explicación sobre el aborto.
Argentina está atravesando una transformación demográfica profunda.
Menos nacimientos y una población que envejece implican, a largo plazo, desafíos para el mercado laboral y el sistema previsional.
Habrá proporcionalmente menos personas ingresando a la población activa mientras aumenta la cantidad de adultos mayores.
Eso puede modificar la relación entre trabajadores y jubilados y obligar a revisar las políticas de empleo, previsión social, cuidados y planificación demográfica.
El problema existe.
Lo que los datos ponen en discusión es la causa que se le atribuye.
Una discusión que va más allá del aborto
La evidencia disponible permite separar dos cuestiones.
Por un lado, la Argentina tiene una caída histórica de la natalidad, con un descenso cercano al 47% de los nacimientos entre 2014 y 2024.
Por otro, no hay evidencia que permita atribuir el comienzo de esa caída a la legalización del aborto, porque la tendencia empezó seis años antes.
Y el estudio de la Universidad Austral agrega una pieza central al rompecabezas: la maternidad y la paternidad están perdiendo peso como expectativa generalizada dentro de los proyectos de vida, especialmente entre los jóvenes.
Por eso, si el objetivo político es aumentar la natalidad, la discusión debería ser bastante más amplia que la derogación o cuestionamiento de la Ley 27.610.
Hay que preguntarse qué está ocurriendo con el empleo, la vivienda, los salarios, los tiempos de cuidado, la conciliación entre trabajo y familia y, también, por qué cada vez más argentinos consideran que tener hijos ya no forma parte de su proyecto de vida.
Los números no respaldan la explicación presidencial
La afirmación de Milei puede ser entendida dentro de su posición política sobre el aborto. Pero cuando se la contrasta con los datos demográficos, no encuentra respaldo en la evolución temporal de los nacimientos.
La natalidad comenzó a caer en 2014.
El aborto fue legalizado en 2020.
Y durante ese mismo período Argentina experimentó un profundo cambio social y cultural respecto de la maternidad y la paternidad.
El desafío demográfico es real. La explicación presidencial, en cambio, resulta insuficiente frente a la evidencia disponible.