En el Te Deum por el 210° aniversario de la Independencia Argentina, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, advirtió sobre los riesgos de la intolerancia, la corrupción y la indiferencia, y pidió construir una sociedad más solidaria y comprometida con los más vulnerables.
El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, aprovechó el tradicional Te Deum por el Día de la Independencia para realizar una fuerte reflexión sobre la realidad social argentina. Durante su homilía convocó a dejar atrás la indiferencia, la intolerancia y la corrupción, y llamó a construir una sociedad donde la solidaridad y el compromiso con quienes más sufren ocupen un lugar central.
El mensaje fue pronunciado en el marco de la conmemoración del 210° aniversario de la Declaración de la Independencia Argentina, donde el arzobispo utilizó la parábola del Buen Samaritano para invitar a los argentinos a revisar sus actitudes cotidianas frente al dolor y las necesidades de los demás.
Más que un discurso religioso, la homilía se convirtió en una reflexión sobre el presente del país y los desafíos que enfrenta la convivencia democrática.
Caminos que llevan a la división
García Cuerva advirtió que la sociedad argentina transita, muchas veces, “caminos peligrosos”, no por cuestiones geográficas, sino por decisiones que profundizan las fracturas sociales.
“A veces, como sociedad argentina, también recorremos caminos peligrosos, no por cuestiones geográficas, sino porque no nos llevan a ningún buen lugar o nos meten en laberintos sin salida.”
Entre esos caminos mencionó la intolerancia, los enfrentamientos permanentes, la descalificación del que piensa diferente, la discriminación y la crueldad hacia los sectores más vulnerables.
Según expresó, esas actitudes terminan debilitando la posibilidad de construir un proyecto común y favorecen a quienes buscan dividir a la sociedad.
Una crítica a la corrupción sin distinción política
Uno de los pasajes más contundentes del mensaje estuvo dirigido a la corrupción.
El arzobispo sostuvo que el problema no depende del partido político o del gobierno de turno, sino de la conducta de quienes ocupan lugares de responsabilidad.
“Y esto no es cuestión de ser de tal o cual partido político o gobierno de turno; es cuestión de ser, o no, honestos y transparentes, ser y parecer, ahora y siempre.”
También afirmó que a lo largo de la historia argentina hubo sectores que “robaron sueños” y oportunidades a millones de personas.
“Los asaltantes también han recorrido los caminos de nuestra historia, robando sueños a los jóvenes, robando posibilidades de progreso a las familias trabajadoras, sustrayendo dignidad a los más frágiles.”
Para García Cuerva, esas prácticas explican parte del desencanto social y alimentan la distancia entre la dirigencia política y las preocupaciones reales de la ciudadanía.
La indiferencia como uno de los mayores desafíos
El eje central de la homilía estuvo puesto en la necesidad de abandonar la indiferencia.
Inspirado en la parábola del Buen Samaritano y retomando una reciente reflexión del Papa León XIV, el arzobispo recordó que el verdadero compromiso comienza cuando una persona decide detenerse frente al sufrimiento del otro.
“Todos los días enfrentamos la opción de ser buenos samaritanos o indiferentes viajantes que pasan de largo.”
Explicó que el amor y la libertad se expresan en las decisiones concretas de cada persona y advirtió que muchas veces también existe la opción de “no decidir”, dejando a quienes sufren abandonados al costado del camino.
Un llamado a mirar a los más vulnerables
En el tramo final del Te Deum, García Cuerva pidió que el aniversario de la Independencia también sirva para reflexionar sobre las nuevas formas de dependencia que afectan a la sociedad.
“En este 9 de julio pidamos juntos a Dios que nos independice de la indiferencia y la insensibilidad frente a los que sufren.”
Luego enumeró a quienes consideró los principales protagonistas de esa preocupación: los enfermos, los jubilados, las personas con discapacidad, los desocupados, los adolescentes y jóvenes atrapados por el narcotráfico y todas aquellas personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
El mensaje concluyó con una invitación a recuperar la cercanía, la empatía y la solidaridad como pilares de una sociedad más justa, recordando que la verdadera independencia también implica asumir responsabilidades frente al sufrimiento de los demás.