Petróleo y gas treparon casi 23% en un mes, mientras los productos primarios aumentaron 10%. El Gobierno intenta contener el IPC minorista, pero la presión mayorista amenaza con nuevos traslados a precios al consumidor.
ECONOMIA – Los precios mayoristas se aceleraron con fuerza en abril de 2026. El Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) trepó 5,2% mensual, muy por encima de los registros anteriores, según informó este martes el INDEC a través del Sistema de Índices de Precios Mayoristas (SIPM).
El dato representa la mayor variación mensual del último semestre. En el acumulado de 2026, el IPIM ya sube 11,6%, mientras que la comparación interanual alcanza un 30,8%. La señal es clara: la inflación en la cadena productiva no cede y vuelve a presionar con fuerza.
El principal motor de la suba fue el sector energético. El petróleo crudo y el gas aumentaron 22,9% en solo un mes. A su vez, los productos refinados del petróleo subieron 13,6% y los químicos, 5,1%. Los productos primarios, es decir, los bienes sin industrializar, registraron una suba cercana al 10% mensual, lo que impacta de lleno en los costos de producción de alimentos e insumos básicos.
En términos interanuales, las distorsiones son aún más evidentes. El petróleo y el gas acumulan un alza del 69,2%, los productos refinados del petróleo 58,9% y los productos pesqueros 61,8%. Estos números reflejan que la energía sigue siendo el principal motor inflacionario en el segmento mayorista.
El informe del INDEC también muestra una brecha entre productos nacionales e importados. Los bienes de origen nacional aumentaron 5,3% mensual, mientras que los importados lo hicieron solo 2,5%. Esta diferencia se alinea con la política de apertura comercial y el mantenimiento de un tipo de cambio atrasado, que abarata relativamente los insumos del exterior.
El escenario plantea una contradicción para el modelo económico vigente. Mientras el Gobierno celebra una supuesta desaceleración del IPC minorista, los precios mayoristas envían señales opuestas. La suba de costos en energía, combustibles e insumos industriales amenaza con trasladarse al consumidor final en los próximos meses, afectando especialmente a alimentos, transporte y bienes de consumo masivo.
Para las pequeñas y medianas empresas, el impacto es doble: menor rentabilidad por el aumento de costos y dificultades para trasladar íntegramente las subas a precios finales en un contexto de caída del consumo. La presión sobre la cadena productiva sigue intacta y, de no mediar un cambio de tendencia, la inflación minorista podría volver a acelerarse hacia mediados de año.