El informe de la Fundación Tejido Urbano revela que más del 20% de los hogares urbanos alquilan y 1,8 millones de personas dejaron las prepagas. La pérdida de expectativas de progreso golpea a la clase media.
El último informe de la Fundación Tejido Urbano muestra una transformación social silenciosa pero profunda: cada vez más familias pierden la capacidad de acceder a una vivienda propia, mientras retrocede el acceso a servicios básicos como el gas de red y crece la dependencia del sistema público de salud.
Entre 2016 y 2025, el porcentaje de propietarios de vivienda en la Argentina cayó del 67,3% al 61,9%, según el informe de la Fundación Tejido Urbano al que accedió este medio. En paralelo, los hogares inquilinos superaron el 20% del total urbano, una marca histórica que evidencia el fin de una etapa de movilidad ascendente para amplios sectores trabajadores y de clase media.
Detrás de los números hay algo más profundo que una estadística inmobiliaria: trabajar ya no garantiza progresar. “Cuando una sociedad pierde la expectativa de futuro, la crisis deja de ser solo económica y se transforma en una crisis emocional, social y política”, advierte el estudio.
Más pobres, menos servicios y un éxodo silencioso hacia la salud pública
El informe no solo habla de vivienda, sino de calidad de vida en caída libre. Mientras mejora levemente el acceso al agua y cloacas, el gas de red retrocede: hoy más de 3,5 millones de hogares no tienen conexión, lo que obliga a usar garrafas más caras o sistemas precarios.
Al mismo tiempo, 1,8 millones de personas más que en 2016 abandonaron las prepagas y obras sociales para volver al sistema público de salud. La explicación es cruda: los ingresos ya no alcanzan para sostener coberturas privadas.
El estudio también revela que más de 4,8 millones de hogares carecen de acceso pleno a servicios básicos, y casi un millón viven en situación de ocupación irregular.
Educación: la resistencia que aún sostiene la sociedad
No todo es retroceso. El informe marca mejoras importantes en educación: aumentó la escolarización, creció la cantidad de personas con estudios universitarios completos y bajó el hacinamiento crítico. “La sociedad argentina sigue apostando a la educación incluso en contextos difíciles. Hay una resistencia cultural muy fuerte”, destaca el documento.
Pero esa resistencia choca contra un techo de cristal: tener título universitario o empleo formal ya no garantiza acceder a vivienda, servicios o estabilidad.
La crisis de futuro: el dato más sensible
Para la Fundación Tejido Urbano, el hallazgo más preocupante es el desplome de las expectativas de progreso. “El problema ya no es solamente la pobreza extrema, sino la pérdida progresiva del horizonte de movilidad ascendente”, sostiene.
Argentina enfrenta así una crisis de ingresos que se filtra en decisiones cotidianas: primero se posterga un arreglo, luego se abandona la prepaga, finalmente se renuncia a la casa propia. Y cuando eso ocurre a escala social, el contrato básico del esfuerzo individual comienza a romperse.