La deuda pública argentina creció 30% en dos años de Milei y superó los 483.000 millones de dólares

El endeudamiento alcanzó un máximo histórico en marzo de 2026, rozando los 484.000 millones de dólares. El dato contrasta con el relato oficial que sostiene que la deuda no creció durante esta administración.


BUENOS AIRES.- La deuda pública argentina alcanzó en marzo de 2026 un nuevo máximo histórico al rozar los 484.000 millones de dólares, lo que representa un aumento de casi 30 puntos porcentuales respecto al nivel heredado por Javier Milei al asumir la Presidencia en diciembre de 2023.

El dato contrasta directamente con el relato oficial, que sostiene de manera sistemática que el endeudamiento no creció durante esta administración. Las cifras del balance cambiario del Banco Central revelan una realidad inversa.

47.000 millones de dólares de financiamiento externo
En los últimos 27 meses ingresaron al país unos 47.000 millones de dólares netos en concepto de financiamiento externo. Los fondos provinieron de organismos multilaterales, del Fondo Monetario Internacional y de créditos financieros privados.

Sin embargo, ese flujo de divisas no se tradujo en una mejora sostenida de las reservas internacionales ni en un impulso visible sobre la economía productiva, lo que abre interrogantes sobre el destino real de esos recursos.

La mirada de los especialistas
Para Martín Burgos, director de la consultora Lado B, la clave del problema está precisamente ahí. El economista sostiene que el financiamiento externo obtenido durante la gestión se orientó principalmente a cubrir vencimientos de deuda anterior y a sostener una dinámica de salida de capitales, en lugar de canalizarse hacia la inversión o el fortalecimiento del tejido económico local.

Un debate que el Gobierno no pudo cerrar
El nuevo récord de endeudamiento reaviva una discusión que el oficialismo había intentado sellar con su narrativa de ajuste y disciplina fiscal. La combinación actual —deuda en alza, reservas sin recuperación sostenida y consumo en caída— configura un escenario en el que los indicadores macroeconómicos empiezan a tensionar el discurso oficial con una persistencia cada vez más difícil de ignorar.

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