El límite de la copia: murió Robert, el perro clonado de Milei que “peleaba contra la oscuridad”

El mastín inglés, réplica genética del histórico Conan, falleció a los ocho años en una clínica de San Isidro tras una cirugía por un tumor complejo. El presidente no se ha pronunciado oficialmente y la “estructura de asesores de cuatro patas” en Olivos queda reducida a tres ejemplares.


La biología le jugó una mala pasada al relato. En las últimas horas, se confirmó el fallecimiento de Robert, uno de los mastines ingleses clonados que Javier Milei considera parte de su círculo íntimo y hasta su “consejo de asesores”. El animal, una copia genética del mítico Conan, no superó las complicaciones de una cirugía oncológica en una clínica de San Isidro.

Mientras el presidente ultima detalles para su enésimo viaje a Estados Unidos, en la Quinta de Olivos el clima es de luto canino, aunque con un mutismo oficial que incomoda. Robert, bautizado así en honor al economista Robert Lucas Jr., falleció a los ocho años, una edad que los especialistas señalan como la esperanza de vida límite para perros obtenidos mediante clonación .

Fuentes cercanas a la clínica veterinaria Burgess indicaron que el animal fue intervenido para tratarle un “tumor complejo”. La operación, sin embargo, resultó en vano. La noticia, lejos de ser comunicada con la pompa que suele caracterizar al mandatario, se filtró a través de medios periodísticos .

Robert no era un perro más en la particular cosmogonía mileísta. Según ha relatado el propio presidente en el pasado, este ejemplar tenía una tarea específica y casi mística dentro de la jauría biotecnológica: era el encargado de “ver sus fallas, contenerlo emocionalmente y pelear contra la oscuridad” . Un perro con cargo de psicólogo y guardaespaldas espiritual, nada menos.

Con su muerte, el cuarteto de clones que residía en la residencia presidencial—todos ellos “hijos” del fallecido Conan, cuya muerte dio pie a una operación de clonación que le costó al presidente unos 50.000 dólares —se reduce a tres. Quedan Milton, Murray y el nuevo Conan, ahora con la responsabilidad de cubrir el rol de su hermano caído .

Lo que llama la atención en esta historia, más allá del insólito organigrama de asesores de cuatro patas, es el silencio de la Casa Rosada. En un gobierno donde la comunicación es tan afilada como una motosierra, la ausencia de un comunicado oficial, una foto con dedicatoria o siquiera un “like” en redes sociales sobre la partida de Robert resulta, cuando menos, elocuente. El presidente, que suele referirse a ellos como sus “hijos de cuatro patas”, ha optado por el mutismo mientras se prepara para participar de la cumbre “Escudo de las Américas” junto a Donald Trump .

La muerte de Robert pone un punto final biológico a un experimento que siempre rozó la línea entre la devoción y lo extravagante. El “consejero” que ayudaba a Milei a pelear contra sus demonios finalmente perdió la batalla contra un tumor. Y aunque el silencio oficial intente ocultar la pérdida, la mística del presidente sufre una baja irremplazable en su gabinete más fiel y peludo.

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