El gobernador encabezará una lista de consenso junto a Verónica Magario y Máximo Kirchner, evitando una interna en el distrito electoral más importante del país.
Kicillof unifica el peronismo bonaerense: un acuerdo estratégico que evita la interna y proyecta fuerza nacional
En un movimiento político de alto impacto, el peronismo de la provincia de Buenos Aires cerró filas y definió una lista de unidad que posicionará al gobernador Axel Kicillof como presidente del Partido Justicialista (PJ) en el distrito más grande del país. El acuerdo, sellado tras intensas negociaciones entre el espacio del mandatario (Derecho al Futuro) y el kirchnerismo, evita una elección interna que hubiera expuesto fracturas y permite al oficialismo provincial presentar un frente unido de cara al futuro político nacional.
La nueva conducción, que asumirá formalmente el 15 de marzo, refleja un cuidadoso equilibrio de poder. Kicillof estará acompañado en la vicepresidencia primera por su vicegobernadora, Verónica Magario, y en la segunda por el intendente de Lomas de Zamora, Federico Otermín. La estratégica secretaría general quedará en manos de Mariano Cascallares, jefe comunal de Almirante Brown y pieza clave en el territorio.
Un esquema que involucra a todas las facciones
El diseño de la nueva cúpula partidaria no solo incluye a figuras del gobierno provincial. Máximo Kirchner, presidente del PJ nacional, encabezará el Congreso partidario provincial, un espacio de debate y resolución. Por su parte, el ministro de Infraestructura bonaerense, Leonardo Nardini, estará al frente de la Junta Electoral, controlando un órgano sensible.
Este reparto de cargos muestra una fórmula de poder compartido entre el kicillofismo y el kirchnerismo, destinada a apaciguar tensiones y proyectar una imagen de cohesión hacia el electorado y hacia el resto de las fuerzas políticas.
El significado político: unidad como principal capital
El acuerdo se logró en las vísperas del vencimiento para presentar listas, lo que demuestra la complejidad de las tratativas. Se buscó, ante todo, evitar una interna sangrienta en un distrito con más de 1.1 millón de afiliados, cuya división hubiera sido catastrófica para el futuro electoral del peronismo a nivel nacional.
Si bien la paz se impuso a nivel provincial, el conflicto podría trasladarse a distritos clave como Mar del Plata, Tigre y San Nicolás, donde las disputas locales podrían mantenerse. No obstante, la foto de la conducción unificada bonaerense es un mensaje contundente: el peronismo prioriza su reconstrucción orgánica desde el distrito que siempre ha sido su bastión principal.
Este replanteo del PJ bonaerense ocurre en un contexto de reconfiguración nacional del justicialismo, tras las elecciones de 2025, y coloca a Kicillof en una posición de fortaleza inédita, no solo como jefe de gobierno sino ahora también como conductor formal de la maquinaria política peronista en la provincia.