Milei Instrumentaliza el Sable de San Martín en un Acto de Apropiación Política Simbólica

El traslado de la reliquia nacional al cuartel de Granaderos, lejos de ser una reparación, expone una estrategia de reescritura histórica y uso partidista del patrimonio común.


Milei no restituye historia, la secuestra: el sable de San Martín como botín de guerra cultural

Lejos de la épica oficial que se intenta vender, la decisión del presidente Javier Milei de retirar el sable corvo del General San Martín del Museo Histórico Nacional y trasladarlo al Regimiento de Granaderos para un acto político en San Lorenzo no es un gesto de reparación histórica. Es, lisa y llanamente, la instrumentalización de un símbolo nacional sagrado para la construcción de un relato político personalista y confrontativo.

Esta medida, revestida de falsa solemnidad, constituye un acto de apropiación simbólica tan grave como inédito en su descaro. No se trata de honrar al Padre de la Patria, sino de usar su figura y su objeto más personal como escenario para una puesta en escena destinada a legitimar un proyecto de poder actual. Milei no lleva el sable a San Lorenzo; lo lleva a un acto de Milei, utilizando la sombra del Libertador como telón de fondo de su propia propaganda.

El Patrimonio Histórico no es un instrumento de campaña

Un símbolo de la magnitud del sable corvo pertenece a la Nación, no a un gobierno, mucho menos a un partido. Su lugar natural, decidido tras décadas de debate y consenso técnico, es una institución como el Museo Histórico Nacional, donde puede ser preservado con los máximos estándares y accedido por todos los ciudadanos, no solo por la jerarquía militar o los invitados a un acto oficial.

Al sacarlo de allí, el Gobierno comete una doble falta: desprotege un patrimonio invaluable (exponiéndolo a riesgos logísticos innecesarios) y lo privatiza simbólicamente, restringiendo su significado a una narrativa oficial y excluyente. La renuncia de la directora del museo, Gabriela Mirande, es la prueba del daño institucional y el desprecio por la expertise que conlleva esta decisión.

Un revisionismo histórico oportunista y peligroso

El acto busca forzar una línea imaginaria entre San Martín y el libertarismo anarcocapitalista de Milei, una conexión histórica falsa y anacrónica. El Libertador fue un estratega militar de la independencia continental, no un profeta de la “libertad” entendida como reducción del Estado. Esta operación es puro revisionismo histórico de bolsillo, diseñado para el titular de hoy, no para el entendimiento del pasado.

Es la misma lógica que lleva a reverenciar a Donald Trump: la búsqueda de figuras “fuertes” para justificar un proyecto radical. Es populismo simbólico, donde la historia se reduce a una foto y un objeto despojado de su contexto complejo.

Conclusión: Un precedente lamentable

La decisión de realizar el acto de apropiación simbólica varios días después del 3 de febrero —fecha real de la conmemoración histórica— desnuda por completo su verdadero propósito: no se trató de honrar a San Martín en su día, sino de utilizar su símbolo en un escenario político partidario montado a conveniencia. Si el gesto hubiera sido genuino, se habría realizado el 3 de febrero. Al desplazarlo, el Gobierno confirmó que el sable no era el protagonista, sino un accesorio en un acto de propaganda oficialista.

Milei no está escribiendo una nueva página gloriosa; está cometiendo un acto de vandalismo institucional contra la memoria colectiva. Sienta un precedente peligrosísimo: que los símbolos patrios pueden ser movidos como peones en el tablero político del día. San Martín merece más respeto. Y la Argentina, también.

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