El dólar bajó en enero, pero con tasas del 42% y calma artificial

El dólar oficial cerró enero con una baja del 0.48%, su primer retroceso mensual desde agosto. Sin embargo, la “estabilidad” fue el resultado de una intervención estatal masiva, tasas de interés insostenibles y un control férreo que esconde la fragilidad del equilibrio cambiario.


La frágil calma del dólar: bajó por primera vez en meses, pero con tasas estratosféricas y reservas artificiales

El gobierno de Javier Milei celebró un dato inédito: el dólar oficial registró en enero su primera baja mensual desde agosto de 2025, con una caída del 0.48% que llevó la cotización a $1.448 para la venta en el mercado mayorista. Sin embargo, detrás de este número aparentemente positivo se esconde una realidad mucho más compleja y preocupante: la “calma” cambiaria fue forzada mediante una intervención estatal costosísima, que incluyó tasas de interés de hasta 42.41% y modificaciones en el esquema de bandas para contener una fuga que nunca cesó del todo.

Una baja artificial en un mercado intervenido

La baja del dólar oficial no respondió a una mejora estructural de la economía, sino a una combinación de herramientas de control implementadas por el Banco Central. La modificación del esquema de bandas cambiarias a principios de enero dio “previsibilidad” artificial al mercado y permitió al BCRA acumular reservas, pero a un costo financiero exorbitante que pone en duda la sostenibilidad del modelo.

“Es una calma comprada, no orgánica”, analizaron economistas consultados. El gobierno priorizó la estabilidad cambiaria a corto plazo – clave para su narrativa de “éxito económico” – pero lo hizo postergando problemas fundamentales como la recesión, la caída del consumo y la crisis social que se profundiza en las provincias.

El precio oculto: tasas del 42% y deuda cara

La última licitación del Tesoro Nacional dejó en evidencia el verdadero costo de la estabilidad cambiaria. Aunque el rollover alcanzó el 124%, se convalidaron tasas de interés de hasta 42.41% en el tramo corto, un nivel que duplica la inflación proyectada y que representa una carga insostenible para las ya deterioradas cuentas públicas.

Este esquema genera un círculo vicioso: para evitar una devaluación, se ofrecen tasas altísimas que atraen capitales especulativos; pero esos mismos intereses elevados ahogan a la economía real, profundizan la recesión y, a la larga, debilitan aún más los fundamentos que deberían sostener el tipo de cambio.

Fragilidad expuesta: el dólar ya empezó a repuntar

La aparente tranquilidad de enero mostró sus grietas en la última semana del mes, cuando el dólar mayorista avanzó más del 1%, anticipando presiones que podrían intensificarse en febrero. Aunque la cotización se mantiene a casi 8% del techo de la banda ($1.563), el movimiento reveló que los inversores perciben la fragilidad del equilibrio.

En paralelo, el dólar blue cayó $60 en el mes, una disminución que refleja más la escasez de pesos en la calle (por la recesión) que una genuina confianza en la moneda local. Los dólares financieros (MEP y CCL) también cerraron con descensos moderados, pero en un contexto de controles y restricciones que distorsionan su verdadero precio de equilibrio.

Una estabilidad que no convence a los mercados

La estrategia económica del gobierno parece haberse enfocado en ganar tiempo mediante herramientas de corto plazo: bandas cambiarias ajustadas, tasas altísimas y acumulación de reservas. Sin embargo, esta “paz cambiaria” convive con señales de ajuste fiscal extremo, recortes en obras públicas y una caída dramática del poder adquisitivo que amenaza con rebalsar en conflictos sociales.

El dato positivo de enero – la baja del dólar – es, en realidad, un espejismo estadístico que oculta problemas estructurales no resueltos: inflación en dígitos altos, recesión profunda, tasas de interés reales positivas que estrangulan el crédito, y un sector externo que depende de condiciones internacionales favorables que podrían revertirse.

La pregunta que queda flotando es ¿cuánto durará esta calma forzada? Y, sobre todo, ¿a qué costo social y económico se está manteniendo? Mientras el gobierno celebra un número aislado, los indicadores de fondo siguen pintando un panorama desolador para la economía argentina.

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