Gustavo Melella en Río Grande: “Ser policía es una vocación de servicio, estamos convencidos de que tenemos la policía más sana del país”

El gobernador encabezó el egreso de 104 nuevos efectivos de la Policía de Tierra del Fuego. En un acto cargado de simbolismo, destacó la “vocación de servicio” y afirmó que la fuerza provincial es “la más sana” del país, en un contexto nacional de cuestionamientos a las fuerzas de seguridad.


Con un discurso que combinó el reconocimiento al sacrificio personal y una fuerte reivindicación institucional, el gobernador Gustavo Melella presidió este lunes en Río Grande la ceremonia de egreso de la 26° promoción de oficiales ayudantes y la 58° de agentes de la Policía de Tierra del Fuego. Ante 104 nuevos efectivos (34 oficiales y 70 agentes) y sus familias, el mandatario fueguino definió la profesión policial como “más que un trabajo”, subrayando su carácter vocacional y de entrega.

“Hoy es un día de fiesta y tienen que recordarlo siempre así”, comenzó Melella dirigiéndose a los egresados, poniendo en valor “el sacrificio que ustedes y sus familias realizaron”. Sin embargo, el núcleo de su mensaje radicó en una afirmación de peso: “Estamos convencidos de que tenemos la Policía más sana de nuestro país y de eso todos los fueguinos estamos orgullosos”.

Esta declaración, emitida en un escenario nacional donde diversas fuerzas policiales y de seguridad enfrentan procesos judiciales por corrupción, violaciones a los derechos humanos y vínculos con el crimen organizado, funciona como un potente mensaje político de distinción y orgullo local.

El concepto de “vocación” vs. la realidad laboral

El eje del discurso gubernamental giró en torno a la idealización del servicio policial. “Ser Policía es más que un trabajo, es una vocación de servicio a los demás, es grandiosa, y son capaces hasta de dar la vida por los demás”, sostuvo Melella. Instó a los nuevos efectivos a tener “los ojos, la mente y el corazón puesto en el vecino que necesita su ayuda”.

Este enfoque, si bien busca elevar el compromiso ético, omite referencias a desafíos concretos que enfrenta la fuerza: condiciones laborales, salarios, equipamiento, estrés laboral y los riesgos inherentes a la profesión en una provincia con sus propias dinámicas delictivas. La retórica de la vocación puede, en análisis crítico, enmascarar demandas sindicales pendientes o utilizarse para exigir niveles de entrega que superen lo razonablemente laboral.

El refuerzo institucional desde la cúpula

El discurso del Comisario General Manuel Anzoátegui, titular de la Dirección de Institutos Policiales, complementó el del Gobernador con un tono más técnico pero igualmente enfático en la construcción de una identidad institucional intachable. Afirmó que los egresados adquirieron “las competencias operacionales, los protocolos de intervención y la ética profesional esenciales” y los exhortó a que “su misión prioritaria sea mantener y elevar ese prestigio a través de sus acciones diarias”.

Esta narrativa de “prestigio a mantener” es crucial. Tierra del Fuego, por su relativo aislamiento y tamaño, ha construido una percepción pública de su policía distinta a la de las grandes urbes. La ceremonia funcionó como un ritual de reforzamiento de esa narrativa de excepcionalidad positiva.

Análisis crítico: La “policía más sana” bajo la lupa

La afirmación de Melella, aunque potente como mensaje de confianza interna, requeriría de métricas transparentes y comparables para ser objetivamente validada. ¿En qué parámetros se basa esta calificación? ¿Tasas de imputación interna? ¿Niveles de confianza ciudadana medidos por encuestas? ¿Ausencia de causas judiciales por violaciones a derechos humanos o corrupción?

La falta de estos datos en el acto deja la declaración en el terreno de la afirmación política, útil para construir capital simbólico y diferenciarse, pero no necesariamente demostrable. Un análisis periodístico riguroso exigiría contrastar esta visión con estadísticas delictivas, informes de organismos de control y testimonios de la sociedad civil.

El acto como ceremonia de Estado

La ceremonia contó con una amplia presencia de autoridades, incluyendo al ministro de Educación, Pablo López Silva, y al jefe de Policía, Comisario General Jacinto Rolón, entre otros. Esto subraya el carácter de ritual de Estado del evento, donde se entremezclan la formación, el poder político y la consagración de un nuevo cuerpo de funcionarios públicos con poder coercitivo.

En conclusión, el egreso policial en Río Grande trascendió la mera entrega de diplomas. Fue un acto de narrativa de gobierno: se proyectó una imagen de fuerza pública vocacional, íntegra y excepcionalmente “sana”, en un intento por consolidar el capital político asociado a la seguridad y marcar una clara diferencia identitaria frente al panorama nacional, a menudo turbulento, de las fuerzas de seguridad.

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