El gobierno de Milei difundió la participación del microsatélite Atenea en la próxima misión lunar de la NASA. La noticia llega en un contexto de severos ajustes presupuestarios en el sistema científico y tecnológico nacional.
Milei anuncia hito espacial con la NASA en medio de un ajuste histórico al sistema científico argentino
El gobierno de Javier Milei anunció este viernes que la Argentina formará parte de la misión Artemis II de la NASA, el programa estadounidense que retomará los vuelos tripulados a la Luna después de más de 50 años. Sin embargo, este hito de cooperación internacional y capacidad tecnológica nacional llega en un contexto de recortes presupuestarios sin precedentes y una profunda reconfiguración de prioridades que afecta directamente a las instituciones que hicieron posible el proyecto.
El anuncio, realizado mediante un comunicado de la Oficina del Presidente, detalla que la misión, cuyo lanzamiento está previsto para el 6 de febrero, desplegará el microsatélite argentino Atenea. Este dispositivo fue desarrollado íntegramente por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la empresa estatal VENG S.A., y con la participación crucial de universidades públicas y organismos como la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR).
La paradoja del ajuste y el logro
La participación argentina representa un reconocimiento internacional a décadas de inversión y desarrollo en el sector espacial nacional. No obstante, la noticia genera una paradoja evidente: el mismo gobierno que hoy celebra este logro ha implementado una serie de medidas de ajuste que ponen en riesgo la sostenibilidad futura de ese sistema científico-tecnológico.
En las últimas semanas, el oficialismo impulsó un DNU y un proyecto de ley (Ómnibus) que, entre otros puntos, plantea la desregulación y posible privatización de empresas estatales estratégicas como YPF, ARSAT y la propia VENG, la compañía que co-desarrolló el satélite Atenea. Asimismo, se han denunciado severas restricciones presupuestarias, despidos y congelamientos de proyectos en organismos de ciencia como el CONICET.
El discurso oficial: “Eficientizar recursos”
El comunicado presidencial no elude esta tensión. Al final del texto, afirma que estos avances tecnológicos se logran “mientras se eficientizan los recursos mediante la eliminación de gastos considerados innecesarios en áreas sociales y políticas”. Esta frase condensa la visión económica del gobierno: priorizar ciertos desarrollos de alto impacto simbólico o estratégico, mientras se aplica un ajuste drástico en otras áreas del Estado, incluyendo aquellas que forman a los científicos y proveen la infraestructura básica para la investigación.
Expertos advierten que esta política podría ser contraproducente a mediano plazo. El sistema científico es una red interdependiente: debilitar la formación universitaria pública, desfinanciar institutos de investigación básica o desarticular empresas tecnológicas estatales erosiona la capacidad de generar proyectos como el Atenea en el futuro.
Mientras el microsatélite se prepara para orbitar la Luna, en la Tierra el ecosistema que lo creó enfrenta su propia misión crítica: sobrevivir a la tormenta del ajuste.